La regularización es su única vía para salir de la precariedad: Gisela sueña con un contrato de ocho horas, Luna con volver a ver a su familia y Dilson con una oportunidad decisiva para cambiar su vida
Sin conocer exactamente qué exigirá el proceso para acogerse a la regularización de inmigrantes que va a aprobar este martes el Gobierno, Gisela Díaz ya ha reunido toda la documentación posible y se la ha enviado a su abogado. Esta colombiana de 37 años lleva dos en España esperando una oportunidad como la que ahora se abre y no quiere perder tiempo. En cuanto escuchó
-dtm="">el anuncio de la regularización en televisión en enero, mientras trabajaba como interna cuidando a una mujer de 92 años, se puso manos a la obra: reunió su empadronamiento, hizo copia del pasaporte y solicitó a su Colombia natal el certificado de antecedentes penales. Gisela está eufórica porque dice que cuando migras a otro país “desgraciadamente pierdes tu dignidad si no tienes papeles”, sin embargo, cuenta que los empleadores no están tan contentos. Mientras eres un trabajador ilegal, no tienes derechos.
El Gobierno calcula, con estimaciones de las organizaciones que trabajan con migrantes, que la regularización podría beneficiar a medio millón de personas, aunque algunas fuentes hablan de más de 800.000 en situación irregular. Gisela se emociona porque le hubiese gustado ahorrarse años de sufrimiento y haber conseguido regularizar su estatus migratorio cuando aterrizó en España. “Como trabajadores inmigrantes sin papeles nos exponemos a muchas cosas: empleos mal remunerados, con un horario excesivo y malos tratos”, explica la mujer. Lo único que pide ahora es poder trabajar ocho horas con un contrato en una residencia de mayores, para lo cual se ha estado formando desde que llegó.









