La idea antigua de que sin daño no hay beneficio en el deporte puede llevar a ocultar las señales del organismo de que algo no va bien
Durante una entrevista, el corredor de fondo Eliud Kipchoge, que ha corrido el maratón (en una carrera no oficial) por debajo de dos horas, explicaba: “Cuando siento ese dolor, sé que he alcanzado el punto exacto. Ese es el ritmo que debo mantener”. Esta afirmación, que puede considerarse mitad mantra y mitad advertencia, resume la idea antigua en el deporte: sin dolor no hay recompensa. Ya en los años ochenta, la popular actriz
-superestrella-del-activismo.html" data-link-track-dtm="">Jane Fonda puso de moda durante sus vídeos de aeróbic el reconocido lema “No pain, no gain” (sin dolor no hay beneficio), frase que se sigue escuchando por los gymbros en gimnasios y redes sociales. Pero, ¿cuándo nos encontramos ante una simple señal de adaptación del organismo o ante una alerta que debemos escuchar?
Durante la actividad física y el ejercicio, que incluye desde correr, pedalear y nadar hasta levantar pesas, puede generar incomodidad en el cuerpo, como notar que los músculos arden, que se nos entrecorta la respiración, que el cansancio parece quemarnos por dentro, etc. Esas sensaciones no son necesariamente malas. Lo que reflejan es parte del proceso de adaptación del organismo al esfuerzo que estamos realizando.








