La muerte de un hombre en la última media maratón de Madrid reinstauró el debate sobre posibles riesgos cardiovasculares de las grandes pruebas de resistencia

La muerte de un hombre de 38 años, uno de los dos participantes que entraron en parada cardiorrespiratoria en la última media maratón de Madrid, celebrada el pasado mes de abril, volvió a instaurar en la esfera pública el debate sobre los posibles riesgos para la salud cardiovascular de las grandes pruebas de resistencia (maratones, ultramaratones, triatlones, ironman, etc.). La atención mediática que generan estos sucesos, unida a la aparición de

g/article/S0025-6196(12)00473-9/fulltext" rel="" data-link-track-dtm="">algunos estudios que alertaban de la existencia de una hipotética dosis segura máxima, más allá de la cual los efectos adversos del ejercicio para el corazón podrían superar a sus beneficios, despiertan de forma puntual la alerta sobre la práctica de unas pruebas deportivas que cada vez ganan más adeptos.

Sin embargo, un estudio reciente, publicado en la revista Jama Cardiology, ha concluido, tras un seguimiento de 10 años a 152 corredores aficionados de maratón masculinos, que correr los míticos 42 kilómetros de la prueba no causa ningún daño cardíaco a largo plazo. Como explica a EL PAÍS Johannes Scherr, médico jefe del Centro Universitario de Prevención y Medicina del Deporte del Hospital Universitario Balgrist (Zúrich, Suiza) y uno de los autores del estudio, históricamente esta preocupación se ha visto alimentada por varias observaciones “que, a primera vista, pueden parecer lesivas”. Por un lado, muchos atletas muestran signos agudos de una reducción de la función del ventrículo derecho, la cavidad que bombea sangre a los pulmones, tras esfuerzos extremos de resistencia. Por otro lado, una gran proporción de corredores de maratón presenta aumentos marcados de biomarcadores cardíacos, especialmente de la troponina, estrechamente vinculada a la isquemia y al infarto de miocardio.