Desde un punto de vista de la evolución antropológica, el ser humano ha evolucionado para correr y ejercitarse sin usar zapatillas, algo que la biomecánica ha demostrado que tiene beneficios si se hace tras una adaptación progresiva
Uno de los deportistas que en su día generó más fascinación en todo el mundo fue Abebe Bikila: ganó el oro en la prueba de maratón de los Juegos Olímpicos de 1960 celebrados en Roma (Italia). Corrió descalzo toda la prueba, ya que las zapatillas que le proporcionaron no le quedaba...
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n bien, creándole ampollas, y prefirió competir del mismo modo que entrenaba, descalzo.
Otro ejemplo muy llamativo, fuera del ámbito deportivo, es el de la tribu hadza en Tanzania: debido a su modo de vida nómada basado en la caza y la recolección, corren descalzos sobre terrenos variados, lo que les otorga una gran facilidad de movimientos. Otra tribu que ha sido motivo de estudio por biólogos, médicos o antropólogos es la de los rarámuri —que llaman a sí mismos los “corredores a pie” o “gente de pies ligeros”—, también conocidos como tarahumaras y que viven en una región montañosa del norte de México. Esta tribu es famosa por su estilo de vida, en el que la carrera es una parte de su cultura, corriendo descalzos o con sandalias hechas de neumáticos reciclados o cuero. El escritor Christopher McDougall exploró en su libro Nacidos para correr la capacidad de este pueblo para correr largas distancias a pie. Es destacable en esa tribu han tenido atletas como María Lorena Ramírez, ganadora del Ultra Trail Cerro Rojo en 2017 con su atuendo tradicional y sus sandalias huaraches.






