El centro de estudios Funcas prevé consecuencias moderadas si el conflicto se prolonga tres meses, pero un escenario mucho más negativo si se enquista
La escalada militar en Oriente Próximo tras el ataque ilegal de Estados Unidos e Israel sobre Irán ha despertado a los fantasmas de 2022 y ha traído de vuelta a la economía mundial un riesgo que parecía ya superado: el de un nuevo repunte de la inflación provocado por el encarecimiento de la energía. Aunque España no es uno de los afectados directos en el corto plazo, tampoco es inmune al riesgo de un conflicto prolongado en el tiempo. Según estimaciones de Funcas, si la escalada bélica se prolongara durante tres meses —el escenario central considerado por el organismo—, la inflación podría situarse ligeramente por encima del 3% de aquí al verano, mientras que el crecimiento del PIB en 2026 se reduciría en torno a dos décimas respecto a las proyecciones previas al conflicto, que hablaban de un alza del 2,4%.
Los efectos iniciales, por ello, serían relativamente moderados. No obstante, señala la Fundación de las antiguas Cajas de Ahorros en una nota especial que ha publicado este viernes, “si la contienda se prolongara por más tiempo, o si se destruyeran instalaciones e infraestructuras clave dando lugar a disrupciones importantes en los flujos de productos energéticos, el escenario sería significativamente más negativo”.












