Los economistas creen que, si los ataques se prolongan, impactarán en la inflación y debilitarán la economía europea si se alarga. Un petróleo a 80 dólares puede llevar el IPC español al 3,2%

El polvorín de Oriente Próximo ha vuelto a saltar por los aires tras el ataque a Irán lanzado por Estados Unidos e Israel y la respuesta de Teherán, que abren un escenario geopolítico, pero también económico, de impacto casi imposible de calibrar. De momento, las exportaciones petroleras del Golfo Pérsico están paralizadas, el conflicto ha llegado a varios países (incluida la UE) y la escalada del precio del petróleo y del gas ha traído consigo fuertes caídas en las Bolsas.

La medida en que el conflicto llegue, también, a la economía de los hogares dependerá de la duración de las hostilidades. Un conflicto prolongado no es, de momento, la hipótesis principal de los analistas. “Nuestro escenario base asume que las hostilidades persistan durante una o dos semanas, terminando con una desescalada”, apuntan en Citi. Pero si los ataques se enconan más allá de unas semanas, el riesgo de desabastecimiento será más patente: la cesta de la compra será más cara, la actividad económica se debilitará y los bancos centrales tendrán que subir los tipos de interés, como ocurrió en 2022 tras la invasión de Ucrania.