Las previsiones de tráfico y los costes que soportan aeropuertos y aerolíneas están en el aire ante el imprevisible alcance de la guerra y su efecto en la inflación
El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán, y todas sus derivadas económicas, golpean al sector aéreo y traen hasta España una espesa nube que envuelve la aprobación del tercer Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA III). Están en el aire parámetros clave como el comportamiento de la demanda de vuelos en el caso de una espiral alcista de la inflación, o la capacidad de las compañías aéreas para absorber el incremento en uno de sus principales costes, el del combustible.
Se trata de un nuevo momento de incertidumbre entre quinquenios regulados (el actual concluye este 2026), como sucedió en el tránsito entre el primer y el segundo DORA por el estallido de la pandemia y las dificultades para fijar estimaciones sobre la recuperación del tráfico. El futuro DORA III para el periodo 2027-2031, que recoge el volumen de viajeros esperado en España, costes de explotación e inversiones previstas en los aeropuertos, y la senda tarifaria que aplicará Aena, fue enviado por el gestor aeroportuario a mediados de febrero a la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) y a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Entonces había pasado la tormenta por la ofensiva estadounidense sobre Venezuela y no se avistaba aún la crisis en Oriente Próximo.









