La guerra ha impactado de lleno en los cielos de Oriente Próximo. Los bombardeos y los ataques con misiles han disparado las tensiones bélicas, pero también el nerviosismo, los riesgos de seguridad y las presiones financieras entre los principales operadores aéreos en la región. En las imágenes satelitales, Irán luce como un inmenso desierto desde que anunció el cierre de su espacio aéreo

efe-de-la-guardia-revolucionaria.html" data-link-track-dtm=""> apenas estalló el conflicto con Israel el 13 de junio pasado, lo que ha provocado una ola masiva de vuelos cancelados y cambios en los itinerarios, ha dejado a miles de pasajeros varados y ha obligado a las aerolíneas a buscar rutas alternativas —más largas y costosas— para evitar las zonas de conflicto.

“El tráfico comercial se ha detenido por completo en Irán y casi por completo en Irak”, señala Ian Petchenik, director de comunicaciones de la plataforma especializada Flightradar. Israel también cerró su espacio aéreo en mitad de las hostilidades, aunque ha levantado desde el lunes algunas restricciones.

Tras los bombardeos ordenados por Donald Trump, el presidente estadounidense, contra las tres principales instalaciones de desarrollo nuclear iraníes durante la madrugada del domingo, las afectaciones se han extendido de forma intermitente por prácticamente toda la región, aunque el tráfico se ha regularizado poco a poco a partir de la tregua impulsada esta semana por Washington.