La monarquía británica tiene que exigir para el expríncipe Andrés la misma justicia que para cualquier otro ciudadano

A pesar de todos los escándalos que a lo largo de las décadas han sacudido a la familia real británica, no es exagerado afirmar que el arresto policial del hermano de Carlos III, Andrés Mountbatten-Windsor, supone un parteaguas trascendental para la monarquía de los Windsor. El expríncipe y exduque de York, despojado de sus títulos e...

l pasado mes de octubre, fue detenido a primera hora de la mañana en su propia residencia, en el día en que cumplía 66 años, y trasladado a dependencias de comisaría para ser interrogado como un presunto delincuente. No ocurría algo así con un miembro de la familia real británica desde hace 350 años.

La turbia y supuestamente delictiva relación de Andrés con el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein, documentada ampliamente en la investigación judicial sobre el financiero, ha llevado al límite el nivel de tolerancia de la sociedad del Reino Unido con la corona. La policía investiga un presunto delito de “conducta inapropiada en el desempeño de un cargo público” por parte del hermano del rey. Entre los millones de documentos del financiero que publicó el Departamento de Justicia de Estados Unidos había correos entre los dos hombres en los que Andrés informaba presuntamente a su amigo de información económica confidencial del Gobierno británico, obtenida a partir de su puesto de Enviado Especial para el Comercio Exterior.