Los partidos políticos aprueban por unanimidad la publicación de documentos oficiales sobre las actividades del hermano del monarca

El pasado 24 de febrero, en un ejercicio insólito de parlamentarismo, los diputados británicos se despacharon a gusto con un miembro de la familia real. En concreto, con el expríncipe Andrés. Pero fueron más allá, al preguntarse por primera vez quién sabía y desde cuándo de sus desmanes....

Los usos y costumbres de la Cámara de los Comunes se habían aplicado hasta entonces de manera estricta, para impedir cualquier comentario de opinión sobre los Windsor. Hasta esa semana, cuando muchos ciudadanos tuvieron que pellizcarse para comprobar que lo que veían era cierto: la policía se llevaba arrestado de su propio domicilio al hijo favorito de la reina Isabel II para interrogarle a fondo sobre su relación con el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein.

“Un hombre rudo, arrogante y que se consideraba con derecho a todo, incapaz de distinguir entre el interés público que aseguraba estar defendiendo y su propio interés privado”, definía a Andrés el secretario de Estado de Comercio del Gobierno laborista, Chris Bryant. Fue la sesión en la que todos los grupos parlamentarios, sin necesidad de debatirlo, respaldaron una moción por la que se ordenaba la publicación de todos los documentos relacionados con el tiempo en que el expríncipe ejerció de Enviado Especial del Gobierno para la Promoción del Gobierno Exterior, bajo la condición de que esos papeles no vieran la luz hasta que concluyeran las pesquisas oficiales en curso sobre Andrés.