El palacio de Buckingham lucha desesperadamente por poner distancia con el caso y frenar un debate sobre la monarquía

Pocas horas después de que su hermano Andrés fuera arrestado el jueves por la policía en su propio domicilio y trasladado a comisaría para ser interrogado, el rey Carlos III acudió a la London Fashion Week (Semana de la Moda de Londres). Formaba parte de su agenda desde hacía meses, que en su afán por preservar la normalidad no estab...

a dispuesto a alterar. Se le vio charlar entre risas con Stella McCartney, hija de Paul, el carismático componente de los Beatles. “Es genial, sí. Es genial. Vosotros dos tendrías que pasar un rato juntos”, le decía la diseñadora al monarca cuando le preguntaba por su padre.

La monarquía es tan indisoluble de la imagen del Reino Unido como el cuarteto musical de Liverpool. Resulta imposible imaginar al país sin esa institución, y por eso todavía muchos expertos en realeza evocan sin ruborizarse la distinción que hizo Walter Bagehot, el legendario director del semanario The Economist, en su libro The English Constitution (La Constitución Inglesa). La corona, según el autor, era la parte solemne, majestuosa y digna del Estado. El Gobierno, por otro lado, era simplemente la parte eficaz. Poesía frente a prosa. “No debe permitirse que la luz del día entre en la magia”, defendía Bagehot. El poder de la monarquía residía en su misterio y no debía ser sometida a un escrutinio minucioso.