EL PAÍS reconstruye cómo fue un fin de semana de récord con cirugías simultáneas y traslados de órganos en helicóptero para conseguir salvar cuatro vidas contra reloj
Un miércoles de otoño, a las diez de la noche, sonó el teléfono en el Hospital 12 de Octubre de Madrid: la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) avisaba de que había un corazón disponible. Comenzó a funcionar una maquinaria compleja, pero muy bien engrasada, que pasa por localizar a un receptor —la persona que en ese momento más lo necesita y es compatible—, trasladarlo al centro si no está ya ingresado, movilizar equipos para recoger el órgano en el lugar de origen, preparar la cirugía y, finalmente trasplantarlo al paciente.
Llamadas como esa, a cualquier hora del día o de la noche, son más o menos habituales en un hospital como el 12 de Octubre, uno de los grandes referentes nacionales en trasplante cardíaco, una operación que se hace allí entre 20 y 30 veces al año. Lo que no es normal es que apenas 24 horas después hubo otra. Y luego otra. Y otra más. Cuatro trasplantes de corazón en poco más de tres días, 75 horas y media, algo inédito.
“Fueron días de mucha tensión, porque el trasplante cardíaco es todavía más tiempo dependiente que los demás [cuanto más tarda más se puede complicar], así que genera mucho estrés”, explica María Orejana, enfermera en la coordinación de trasplantes en el hospital. En su departamento se encargan de montar todos los dispositivos, los que salen a recoger el órgano y los que lo van a injertar. También al paciente, con quienes son el contacto directo.














