Los libros de cocina pasan de ser meros recetarios para convertirse en manuales de técnicas, experiencias y viajes culinarios

La búsqueda del origen, de la raíz, la necesidad de encontrar en aquello que comemos el retorno a un hogar. Cocinamos porque necesitamos alimentarnos, pero también porque urge comprender de dónde venimos. Comemos por hambre y por la necesidad de formar parte de una comunidad. Nos sentamos a una mesa, picamos algo de pie, en plena calle, nos codeamos en las barras, degustamos en los mercados. En ocasiones, esa cocina pura, la que no guarda ornamentos, se encuentra en los bocados callejeros porque allí habita, como llegó a escribir Manuel Vázquez Montalbán, “la memoria comestible de los pueblos”. En los últimos años, los libros invitan no solo a viajar a través del paladar, sino a viajar para ...

comprender el alma de un lugar. Los grandes chefs se quitan la chaquetilla de cocinero y se ponen el delantal casero para dejar constancia de las recetas tradicionales de una familia, un lugar. Y los escritores insisten en el viaje culinario como la mejor manera de descubrir un país. Así llega el 2026 a las librerías especializadas en gastronomía: los libros nos anuncian por dónde irán nuestras apetencias en el año nuevo. Ese es un adelanto: Asia, una vez más, marcará tendencia.