Dado cómo se las gasta, a buen seguro que Jannik Sinner sería un excelente profesional del póquer. Imposible interpretar ese rostro. Indetectable ese estado de ánimo. Un enigma siempre. Es decir, una maravillosa virtud para esto del tenis, en el que hasta el más mínimo gesto o detalle cuentan y ofrecen pistas poco recomendables. Dos días antes, el número uno había sufrido durant...

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e el duelo contra Grigor Dimitrov una mala caída que disparó las alarmas porque se lastimó el codo; la jornada siguiente, el tenista se recluyó en una zona sin acceso para los reporteros ni los medios gráficos, para no dejarse ver; y este miércoles, como si nada, resuelve el pulso con Ben Shelton en tres sets limpios (7-6(2), 6-4 y 6-4, en 2h 19m).

Es decir, Sinner, al igual que Carlos Alcaraz, ya está ahí, vivito y coleando hacia las semifinales, en las que le aguarda un más que atractivo encuentro con el veterano Novak Djokovic. Si para el italiano no hay dolor, “no hay excusas”, dice, para el de Belgrado parece no pasar el tiempo porque otra vez figura su nombre en el rótulo de la penúltima estación. Y eso que los estómagos se encogen en la central en un instante estremecedor, cuando en un apoyo se le va la pierna, patina, se estira y el percance pone a prueba esa privilegiada carrocería que a los 38 años continúa aguantándolo casi todo. Se acerca Flavio Cobolli, respeto reverencial, y pulgar arriba del vencedor. Lo cierra Nole, remontando: 6-7(6), 6-2, 7-5 y 6-4, tras 3h 11m.