El italiano redondea un torneo perfecto y revalida el título en su territorio predilecto (7-6(4) y 7-5, tras 2h 15m). El número uno termina tocado de una pierna

Se lleva el gato al agua Jannik Sinner, vencedor en la instantánea final de una temporada tan fascinante como repetitiva: merece la pena el atracón. Todo sea por ver un tenis que escapa a la tediosa dinámica actual. Todos los caminos conducen a ellos dos, y esta vez lo festeja el italiano, autor de una obra perfecta, como las paredes rectilíneas de la Piazza San Carlo. No encuentra Carlos Alcaraz la llave (7-6(4) y 7-5, tras 2h 15m) y se resuelve la sexta final del año entre los dos como le gusta al anfitrión, en forma de sacudida. Con dos cetros maestros, se une el campeón a Borg, Becker y Zverev, y se quita una losa de encima. Reinventarse o morir, y la nueva fórmula le funciona.

Ha sido una semana impecable, sin ceder un solo set, sellada con un pleno y un saco de aces (41). Lo merecía, sin duda. Esta es su guarida, este es su hábitat, este es su lugar. Envuelto en color vino, Sinner (24 años) revalida el título —es el más joven en conseguirlo desde que lo hiciera Roger Federer entre 2003 y 2004, con 23— y remata un año excepcional, con seis trofeos en la bolsa y, quizá, un sentimiento todavía más placentero y reconfortante al comprobar que ha funcionado su plan. Rendido dos meses atrás en Nueva York, muy pálido ese día, se rehace y vuelve a casa satisfecho. Ríe, agradece, sobrio siempre. Alcaraz no se unirá a Orantes (1976) y Corretja (1998). Es un duro día en la oficina.