El número uno revierte un estresante duelo con el francés (6-7(6), 6-3 y 6-2, en 2h 18m) y se enfrentará en los octavos de California a Ruud (3-6, 6-3 y 6-4 a Vacherot)

Dice Novak Djokovic, tipo más que de vuelta en esto del tenis, que más allá de la técnica y lo virtuoso que uno pueda llegar a ser, al final todo depende del llamado Tennis IQ (Intelligence Quotient). Básicamente, de la inteligencia. Del maletín. “Se trata de encontrar soluciones”, precisa el balcánico; “es decir, si no te funcionan el plan A o el B, debes tener un C, D, E o F… Lo que sea. Es más fácil decirlo que hacerlo, claro. Se necesitan años para desarrollarlo y, sobre todo, mantener la regularidad. Se trata de tener una actitud diligente, holística y multidisciplinar”. Atento siempre a lo que él dice, Carlos Alcaraz toma buena nota de la lección y se aplica: Arthur Rinderknech, el último en caer.

Imparable hasta aquí, el murciano da botecitos y sonríe (6-7(6), 6-3 y 6-2, en 2h 18m) después de revertir una peliaguda situación. Set abajo y rotura en contra, el francés, treintañero y 28º del mundo, sigue creciéndose y atosigándole por todos lados hasta que en un momento dado, el número uno frena, resopla y cavila: esto continúa torciéndose, luego algo habrá que hacer. Ese algo pasa por girar la tuerca, porque lo de esta vez va de agresividad y de descerrajar pasantes desde la línea de fondo para evitar el cuerpo a cuerpo del que, hasta ahí, saca partido el adversario. Consumado el giro y multiplicándose las dudas para el galo, Alcaraz alza los brazos y atrapa los octavos de Indian Wells.