Los inversores extranjeros han apostado intensamente por España en los últimos años. Tanto que han elevado su participación en la deuda del Tesoro hasta superar el 50,6%. Se trata de una cifra nunca antes vista que refleja el apetito de los no residentes por los bonos nacionales. Esta elevada demanda del papel español ha permitido reducir la prima de riesgo y, por tanto, contener el avance de los costes financieros, pero tiene un reverso tenebroso: la dependencia del ahorro externo.

La compra de deuda española por parte de los inversores extranjeros ha sido una constante desde principios de 2023. En ese momento, su participación en el total de la deuda pública cayó por debajo del 40% por primera vez desde el año 2013. Desde entonces, las compras realizadas por ahorradores no residentes se han disparado. Tanto que en apenas tres años han elevado su participación en 11 puntos porcentuales.

Hay dos factores que han impulsado el aumento de las compras de los extranjeros. Por un lado, la normalización de la situación económica a partir de 2023 (un año después del inicio de la invasión de Ucrania) generó confianza entre los ahorradores para comprar deuda extranjera. Por otro lado, la reducción de la participación que ha realizado el Banco de España como parte de la política de reducción del balance aprobada por el Banco Central Europeo ha liberado mucho papel en los últimos años.