La tendencia viene de lejos, pero en 2026 se ha materializado de forma nítida. El coste medio del endeudamiento público no deja de crecer y, en el caso de España, se sitúa ya en el 2,43%. Este tipo de interés es todavía muy bajo respecto de los niveles anteriores e inmediatamente posteriores a la crisis financiera de 2008 (en torno al 4%), pero aun así es el más alto desde 2017, es decir, hace casi una década.

Las causas, según Funcas, tienen que ver con la persistencia del conflicto en Oriente Medio, con su impacto en la inflación, y la reticencia de los mercados a financiar el volumen de deuda pública que se expande por todo el planeta. Las consecuencias serán un menor crecimiento de la economía española, pero sobre todo estrecharán el margen de maniobra de la política fiscal por el aumento de los costes financieros.

Según sus cálculos, la factura por intereses se incrementará casi un 50% hasta 2030, superando los 60.000 millones de euros ese año. En caso de mantenerse los tipos en los mismos niveles que en 2025 (es decir, en torno al 3,2% los de largo plazo y el 2,2% los de corto plazo), los pagos por intereses se situarán en 2030 en unos 57.000 millones de euros, es decir, 17.000 millones más que en 2025. En torno a la mitad de ese incremento, algo más de 8.000 millones, serían los intereses de la nueva deuda que se emitirá, como consecuencia de los déficits esperados para los próximos años, y la otra mitad sería consecuencia de la refinanciación de la deuda que vencerá a tipos de interés superiores a los que fue emitida. Si a ello se suma la subida de los tipos de interés —en torno a medio punto en relación con 2025, mantenido a lo largo de todo el periodo—, la factura por intereses se elevaría en otros 3.600 millones en 2030, hasta situarse algo por encima de los 60.000 millones.