Las subidas que está viviendo la deuda pública en las últimas semanas son un aviso a los Gobiernos por parte del mercado: seguir gastando a este nivel tendrá consecuencias. El Fondo Monetario Internacional pronostica que para finales de la década el conjunto de la deuda pública mundial aumentará hasta el 100% del producto interior bruto frente al 94% actual. Dicho de otra forma: el pasivo de todos los países será equivalente a toda la actividad económica de la humanidad de un año sin que haya una aparente voluntad política por remediarlo.Este incremento constante se debe a un desequilibrio crónico de las cuentas de los países, que los lleva a gastar más de lo que ingresan. El FMI estima que el déficit público global se mantendrá en un 5% del PIB en los próximos años, con las dos principales potencias del planeta con saldos negativos de más del 7%.

El aumento constante de la deuda a un ritmo muy superior al crecimiento nominal de la economía implica que la carga de intereses se eleve progresivamente. Este escenario de descuadre fiscal unida a la subida de tipos de interés implica destinar cada vez más dinero de los presupuestos al pago de los intereses, lo que restringe el resto de servicios públicos. La pregunta obligada entre los inversores es la siguiente: ¿es sostenible esta acumulación de deuda pública?