Hace unas semanas Canadá ha anunciado que emulando lo que hizo Noruega en los años noventa, creará un fondo soberano con el que invertir en el mundo y conseguir que su modelo sea sostenible en un entorno donde la fiscalidad de los países está cada vez más en entredicho. La enorme montaña de crédito que han ido acumulando las naciones del mundo es una de las mayores preocupaciones de las agencias de rating. Los récords año a año en la deuda sobre el PIB se han convertido en la norma y, con unos déficits claros que crecen más rápido que la economía. EEUU, por ejemplo, ha amasado unos 39 trillones de dólares y solo el pago de los intereses supera al gasto en defensa. La deuda de Japón, por ejemplo, ya está en el 232% de su economía, cifra que puede ser considerada totalmente inabarcable.
Sin embargo, el ejemplo de la medida que ha tomado Canadá y la que tomó Noruega en su momento muestran que el verdadero mapa de la deuda es mucho más complejo de lo que pueden parecer las simples métricas deuda/PIB. Esas enormes montañas existen y son cada vez más insostenibles, pero la distribución de la misma es muy diferente a lo que puede parecer. Una imagen más exacta es la que ofrece la deuda neta, es decir, que si bien un país tiene pasivos, también ha prestado dinero a otros países y tienen activos que, si fueran una empresa, formarían parte del cálculo.






