El prestigioso economista francés Olivier Blanchard lanzó una reflexión en el año 2019 que tuvo un amplio recorrido: "Un aumento de los gastos del 1% del PIB para abordar los problemas más acuciantes de desigualdad e inversión pública, financiado por la deuda, haría aumentar la deuda en un 0,5% del PIB y los pagos de intereses en un 0,005% del PIB. A considerar seriamente".

En ese momento, tras una década con los tipos de interés en el 0% y sin previsión alguna de que fuesen a subir nunca (Pimco llegó a presagiar que no habría inflación hasta 2050), Blanchard y algunos economistas empezaron a aconsejar a los gobiernos endeudarse aprovechando los bajísimos tipos de interés que se pagaban. Alemania incluso se financiaba a tipos negativos: cobraba dinero a sus prestamistas. La convicción de que la ratio de deuda no era importante en una era de bajos tipos de interés estimuló a los gobiernos a endeudarse y dar carpetazo a los años de la austeridad.

Casi una década después, los gobiernos desprecian la disciplina fiscal. Las dos mayores potencias del mundo, Estados Unidos y China, conviven con déficits públicos que superan persistentemente el 7% del PIB, forzando a otros países a seguir su ritmo para no quedarse rezagados. Pero la situación macroeconómica ha cambiado mucho: el crecimiento sigue siendo escaso, pero la inflación está persistentemente alta, lo que ha elevado los tipos de interés en todo el mundo, tanto los oficiales como los naturales (r*). De pronto, los costes financieros han subido rápidamente y la ratio de deuda vuelve a ser un motivo de preocupación.