Mercurio está relativamente cerca de la Tierra, pero llegar allí es muy difícil. La misión BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), lleva acercándose al planeta más cercano al Sol desde su lanzamiento, en octubre de 2018. Para tener una referencia, la sonda Curiosity fue lanzada en dirección a Marte en noviembre de 2011 y en agosto de 2012 ya había aterrizado en el cráter Gale.El problema es que cerca del Sol la gravedad es muy intensa y Mercurio se mueve muy deprisa a su alrededor. Para no pasarse de largo o estrellarse, la nave ha tenido que recorrer más de 10.000 millones de kilómetros hasta llegar a su destino. Poder frenar para insertarse en su órbita ha requerido más energía que la necesaria para llegar a Plutón.Ahora llega un momento crítico, que han explicado hoy durante una rueda de prensa los responsables de la misión. El próximo 3 de septiembre está previsto que se separen del módulo de propulsión que ha llevado hasta allí las dos naves científicas de la misión, el orbitador europeo MPO (Orbitador Planetario de Mercurio), que estudiará la superficie y la estructura interna del planeta, y el japonés MIO (Orbitador Magnetosférico de Mercurio), que analizará su campo magnético y el entorno de plasma. Los dos orbitadores seguirán unidos hasta diciembre. Entonces se separarán y seguirán acercándose a sus órbitas definitivas. En abril de 2027 comenzará su trabajo científico.Hay muchos rasgos de Mercurio misteriosos que interesa estudiar. Su interior es muy denso y tiene un núcleo de hierro demasiado grande para su tamaño. Los científicos creen que en su infancia, cuando el Sistema Solar se estaba formando, sufrió un choque colosal que le despojó de gran parte de su manto exterior. Los científicos han aclarado que BepiColombo no podrá demostrar por sí sola que ese impacto ocurrió. Su objetivo será aportar nuevas piezas para reconstruir la historia temprana del planeta y, con ella, comprender mejor cómo se formaron Mercurio, la Tierra y los demás planetas rocosos.Además, comparte una característica única con la Tierra. Es el único planeta rocoso, además del nuestro, que tiene un campo magnético global. Más extraño aún es que, pese a su cercanía al Sol y a que en su superficie se registran temperaturas de 450 grados, en los cráteres de sus polos hay depósitos de agua helada.Para estudiar con detalle estas y otras facetas de Mercurio, las sondas tendrán que operar en unas condiciones extremas. Las variaciones térmicas serán de entre 180 grados bajo cero y 450 sobre cero, con una radiación solar diez veces superior a la de la Tierra, una circunstancia que, según explicaron los responsables de la misión, es de las que más les preocupan. Además, la nave tendrá que operar dentro de unos márgenes estrechos, sin desviarse demasiado de la posición ideal, que haría que dejase de recibir energía, ni orientarse demasiado hacia el Sol, que calentaría sus instrumentos hasta degradarlos.Entre los grandes objetivos científicos de la misión hay también uno que tiene que ver con física fundamental. BepiColombo permitirá poner a prueba la Teoría General de la Relatividad de Einstein, gracias a las mediciones de altísima precisión que se harán de la órbita y la posición de la nave alrededor de un planeta tan próximo al Sol. Esa cercanía y el hecho de que Mercurio es el planeta que más rápido se mueve en el pozo gravitatorio solar hacen que los efectos predichos por la relatividad, como el abultamiento del espacio-tiempo, sean más intensos allí que en cualquier otro sitio del Sistema Solar.