Decíamos la semana pasada que Ceuta no podía esperar y a los hechos hay que remitirse. Pedro Sánchez y su ejecutivo han apostado agosto a minimizar y contener el impacto de las múltiples crisis que escondía lo sucedido en Ceuta y han perdido. A la amenaza geopolítica y la crisis migratoria, se han ido sumando la emergencia humanitaria, la alerta sanitaria, la alarma de orden público y, finalmente, el riesgo del estallido xenófobo.

Tras perder otra semana en comparecencias ministeriales para convencernos de que los equivocados somos nosotros y no los ministros y ministras, ahora les conviene al Presidente y su gabinete cambiar de estrategia, asumir el liderazgo político y pagar los costes de las escasas y complejas soluciones disponibles. O eso, o un largo y doloroso deterioro.