La gestión de la crisis de Ceuta pasará a las escuelas de gestión pública como lo que no hay que hacer en una crisis. Desde los desgraciados atentados del 11M, los servicios de inteligencia españoles reforzaron sus recursos para vigilar la amenaza islamista y Marruecos es el canal más próximo. La invasión se había convocado por redes sociales, auspiciada por parte de los servicios secretos marroquíes, y de las 80.000 personas que cruzaron la frontera, muchas llevaban días de viaje para llegar. Claro que el Gobierno tenía información y no hizo nada para evitar la crisis.
El problema es que desde 2018, cuando Sánchez llegó a la Moncloa, ha habido más crisis y se cumple la paradoja de los cisnes negros. El paradigma dice que los cisnes son blancos. Cuando ves un cisne negro, piensas que es una anormalidad; cuando ves dos, te cuestionas el paradigma; cuando ves tres, piensas que también hay cisnes negros. Efectivamente, hay una mutación genética en Nueva Zelanda y allí los cisnes son negros.
Esta no es la primera crisis que gestiona Pedro Sánchez y, en todas ellas, la gestión ha sido igual de caótica. En Ceuta se fue de vacaciones y ha tardado 26 días en decretar el mando único. La primera medida del mando único, usar los polideportivos, no fue consensuada con el alcalde de Ceuta, que se opuso, y la anuló a las pocas horas. Ceuta es un sitio muy especial que la mayoría de los españoles ni siquiera hemos ido a visitar. ¿A quién, con más de un codificado de dos cifras en el cerebro, se le ocurre hacer un plan para la ciudad de Ceuta sin consultar al Gobierno elegido democráticamente por los ceutíes?













