Los cisnes, patos y gansos del lago Tjörnin, el idílico estanque urbano de Reikiavik, nadan apaciblemente bajo el fresco sol de agosto, ajenos a la división con que la sociedad islandesa afronta el referéndum de hoy sobre si retomar o no negociaciones con Bruselas para la adhesión a la Unión Europea (UE). El resultado de las urnas se anuncia muy reñido.Una encuesta de la consultora Gallup emitida el jueves por la radiotelevisión pública RÚV indicó que el 51,6% de los encuestados se opone a la reapertura de conversaciones, mientras que el 48,4% la respalda. El día anterior, miércoles, un sondeo del instituto Maskina publicado por el diario Visir detectaba que el 51,3% está a favor de sentarse de nuevo a negociar con la UE, frente al 48,7% que está en contra. La diferencia es mínima. El desenlace, muy incierto.“Este referéndum busca obtener una respuesta definitiva a una pregunta que ha permanecido sin respuesta durante décadas; hemos sido miembros del Espacio Económico Europeo (EEE) durante 30 años, y todo ha ido bien, pero nuestra moneda es muy inestable”, arguye Dagbjört Hákonardóttir, diputada de Alianza Socialdemócrata, el principal partido del Gobierno de coalición tripartita que impulsa la consulta.Contienda reñidaEl resultado del referéndum se prevé muy ajustado: el último sondeo otorga una leve ventaja al no, pero el anterior se la da al síAdemás de participar desde 1994 en el mercado único a través del EEE, como Noruega y Liechtenstein, desde el 2001 Islandia está en el área Schengen. El país es miembro entusiasta del programa de intercambio universitario Erasmus.“Los defensores del sí intentamos abordar la consulta desde una perspectiva abierta; nuestro objetivo es ‘sí, negociemos’, y si luego llegamos a un buen acuerdo con la UE, tal vez digamos que sí o que no. Como parte del Espacio Económico Europeo, en Islandia recibimos todo tipo de normas de la UE sobre las que no tenemos voz ni voto; no tenemos presencia política en Bruselas”, argumenta Hákonardóttir en una entrevista en el Althingi, el Parlamento unicameral de 63 escaños, a poca distancia de donde se solazan las aves en el lago Tjörnin. Los socialdemócratas de la primera ministra Kristrún Frostadóttir y sus socios liberales confían en que este enfoque gradual seduzca a indecisos y cautelosos.Una partidaria del sí en el referéndum muestra una camiseta que reza “Sí a ver”, para subrayar que se decide sobre negociar con la UE, no sobre ingresar ya James Brooks / Ap-LaPresseLos partidarios de votar sí esgrimen sobre todo argumentos de economía y estabilidad. Aducen que se reduciría la inflación rampante, y bajarían los precios de alimentos, vivienda y transporte, actualmente por las nubes. Quienes se oponen temen una pérdida de soberanía y de control de recursos naturales. La pesca reviste tal importancia en la economía y la conciencia nacionales que los promotores del referéndum asumen que la UE debería otorgar algún tipo de excepción a los caladeros islandeses, o jamás habrá adhesión.Una victoria del sí en el referéndum llevaría a retomar las negociaciones con Bruselas, aparcadas desde el 2015. Islandia había pedido el ingreso en la UE en el 2009 debido al azote de la crisis financiera, pero en el 2013, el entonces nuevo Gobierno conservador congeló las conversaciones, que acabaron dos años después.En caso de que unas nuevas negociaciones resultaran fructíferas, Islandia celebraría un segundo referéndum para decidir ya adhesión sí o no, tras lo cual los 27 Estados miembros deberían aceptar su ingreso. Si esta isla del Atlántico Norte de 103.000 kilómetros cuadrados –tamaño similar a Cuba–, poblada por apenas 400.000 habitantes, se convirtiera en el 28.º país de la Unión Europea, tendría seis diputados en el Europarlamento.“Es realmente preocupante la grave pérdida de memoria que se está registrando en Islandia; todos los expertos en Unión Europea y los políticos pro UE ahora no tienen ni idea de qué es la UE, así que quieren que solicitemos negociaciones para ver qué significa ser parte de la UE”, dice con ironía Gudlaugur Thór Thórdarson, diputado del Partido de la Independencia, uno de los paladines del no. Thórdarson, que en distintos momentos desde el 2007 fue ministro de Sanidad, de Exteriores, y de Medio Ambiente, Energía y Clima, atiza a Bruselas mientras conversamos en el vestíbulo del Althingi.Temores de los partidarios del noEn esta isla atlántica, independiente solo desde 1944, la idea de soberanía está por ello muy arraigada en los islandeses, y muchos creen que la UE es un riesgo “La UE jamás querrá cambiar el marco regulatorio, utiliza el marco regulatorio como base de su poder; somos una nación independiente y soberana desde hace poco tiempo, y en 80 años pasamos de ser una de las naciones más pobres a un éxito extraordinario en economía y nivel de vida; no lo habríamos logrado si hubiéramos estado en la UE”, sostiene Thórdarson.Tras siglos de colonización noruega o danesa, Islandia logró el autogobierno en 1904, y se independizó plenamente de Dinamarca en 1944. Debido a ese pasado, de dominación extranjera para muchos islandeses el debate sobre la UE es emocional y gravita en torno a la soberanía. En esta sociedad insular, los islandeses más jóvenes tienden a mostrarse más receptivos al ingreso en la UE que las generaciones de mayor edad, y los votantes urbanos de Reikiavik son más europeístas que los de comunidades pesqueras rurales.“¿Debería Islandia reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea?” es la formulación de la pregunta que se somete a referéndum. Al centrarse en si reabrir o no negociaciones, en vez de preguntar directamente por la adhesión, intenta tender puentes ante la división, ofreciendo a los escépticos la garantía de que un voto afirmativo no constituirá la última palabra.Una campaña con escasas alusiones a TrumpSeguridad sin ejército en un país que confía en Estados UnidosIslandia es miembro fundador de la OTAN –la alianza se creó en 1949–, pero no tiene fuerzas armadas, solo un servicio de guardia costera. Por un acuerdo bilateral de 1951, Estados Unidos asume la defensa de esta estratégica isla del Atlántico Norte. El acoso a la vecina Groenlandia del presidente estadounidense, Donald Trump, ha estado ausente de la campaña del referéndum, como la geopolítica en general. Todos los partidos islandeses van con pies de plomo para no incomodar a Washington. “Quiero recalcar que estamos muy unidos a Estados Unidos y valoramos mucho esa relación; el acuerdo de 1951 ha sido siempre la base de nuestra defensa. Nuestra participación en la UE y nuestra posible adhesión debe quedar al margen del debate sobre si Trump es fiable o no, aunque por supuesto algunos islandeses lo tendrán en cuenta al votar”, señala la diputada socialdemócrata Dagbjört Hákonardóttir. Para el exministro Gudlaugur Thór Thórdarson, del Partido de la Independencia, la pertenencia de Islandia a la OTAN es garantía más que suficiente. “A Estados Unidos también le interesa mantener el acuerdo de 1951 por razones obvias; no quieren que Rusia o China controlen Islandia, pues eso sería muy difícil para su propia defensa y seguridad- dice Thórdarson–. Y todos sabemos que, lamentablemente, la UE no puede defenderse por sí misma, aunque espero y deseo que eso cambie en un futuro próximo”.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia