Los islandeses decidirán este sábado 29 de agosto si reinician el proceso de adhesión a la Unión Europea congelado hace más de diez años. En un referéndum que está acaparando todas las miradas de Europa, los ciudadanos del país ártico votarán si quieren sentarse a negociar la membresía con el bloque comercial o, si por el contrario, prefieren seguir como hasta ahora. Las encuestas muestran un empate técnico, con casi un 10% de electores indecisos.En caso de que gane el sí, Islandia marcará un giro copernicano en su política internacional e iniciará unas negociaciones que Reikiavik enterró en 2015. Las consecuencias de la crisis financiera y la de deuda (2008-2014) acabaron tumbando el sueño de una Islandia sentada en Bruselas entre la ciudadanía. Sin embargo, no fueron ni el euro, ni las políticas fiscales el mayor problema, sino la pesca.
Tanto para Islandia y Noruega como para los territorios autónomos de las islas Feroe y Groenlandia (dependientes de Dinamarca, pero fuera de la UE), las políticas agrícolas y pesqueras son un tema muy sensible. "Nos opusimos en 1972 por la pesca y volvimos a hacerlo en 1994; en ambos casos, la pesca fue un factor determinante", indicó Espen Barth Eide, ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, en una entrevista al Financial Times en junio. Este argumento podría extenderse a Islandia.













