El 29 de agosto, los islandeses están llamados a votar en un referéndum para decidir si desean, o no, volver a la mesa de negociaciones con Bruselas para unirse a la Unión Europea. En el pasado, el país nórdico no quiso realmente formar parte del club europeo, ya que en 2013 dejó de lado el proceso de adhesión a la UE, convencido entonces de que no necesitaba dar el paso hacia la plena integración comunitaria. Geográficamente, el país insular se encuentra entre Europa y Norteamérica. Culturalmente, la población islandesa (cerca de 395.000 ciudadanos), defiende con vehemencia su soberanía tanto como sus raíces nórdicas, y se considera europea. En la práctica, Islandia ya cumple con muchas de las leyes de la UE, ya que desde 1994 forma parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y en 2001 entró en el Espacio Schengen. En otras palabras, hasta ahora Islandia ha formado parte de Europa sin ser miembro de la UE. Para los islandeses, el atractivo de la UE reside principalmente en ofrecer estabilidad frente a las incertidumbres económicas y geopolíticas del mundo actual. Para la UE, si entrara, Islandia sería un socio pequeño pero valioso al estar situada en las puertas del Ártico, una región donde las potencias mundiales compiten por su hegemonía. Además, es un país rico que entraría como claro contribuyente neto y aportaría una sólida cultura democrática. Ligera ventaja del 'sí' A pocas semanas de que se pongan las urnas, las últimas encuestas apuntan a una ligera ventaja de la opción del “sí” a reanudar las negociaciones de adhesión con la UE, con un 53% de apoyo frente al 47% del “no”. Sin embargo, el desarrollo de la campaña muestra que los islandeses siguen profundamente divididos por la cuestión. Más allá de los argumentos de cada una de las opciones, la politóloga de la Universidad de Islandia, Hulda Þórisdóttir, admite que “este tema apela a nuestros valores y emociones”. El debate se está llevando a cabo con un tono moderado, asegura la politóloga, ya que la sociedad y los políticos “tienen puesta la mirada en lo que pasó en Reino Unido durante la campaña del Brexit y no quieren que este referéndum divida al país”. El argumento más emotivo que se ha puesto en el centro del debate es el de la soberanía nacional, costosamente obtenida tras siglos de colonización noruega y danesa, hasta conseguir la plena independencia de Copenhague en 1944. “Esta idea de preservar la independencia que tanto nos costó ganar sigue muy viva en el alma nacional islandesa”, explica Þórisdóttir. Por otro lado, los defensores de la UE sostienen que “solo una sólida alianza con naciones europeas afines puede fortalecer la soberanía del país nórdico”, subraya. TE PUEDE INTERESAR En los últimos meses, la situación en los confines del Ártico se ha vuelto más incierta que nunca por las repetidas amenazas de Donald Trump de apropiarse de la vecina Groenlandia. A pesar de que Islandia es miembro de la OTAN, es el único socio que no tiene un ejército propio y su defensa depende de un pacto con EEUU firmado en 1951. Los islandeses no temen una invasión por parte de los EEUU, pero dada la poca consideración que está demostrando Trump por respetar los acuerdos internacionales, hoy la relación con Washington se ha vuelto mucho más imprevisible. Así lo reconoció también la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, en febrero, en una entrevista con Financial Times, al admitir que “la crisis de Groenlandia sin duda tocó un nervio sensible” en el país. El principal impedimento es la política pesquera de la UE Más allá de la geopolítica, otro de los temas más sensibles en el debate es la política pesquera y agrícola de la UE. En el eje central de la campaña euroescéptica están los temores de los pescadores y agricultores, un hecho que se refleja en las encuestas, que demuestran que en las zonas rurales alejadas de Reikiavik, la oposición a la UE alcanza el 80%. En Islandia, la pesca, junto al turismo, son los pilares de su economía, ya que el pescado y el marisco generan cerca del 40% de las exportaciones, el 8% del PIB y el 4% de los puestos de trabajo. En este sector, una mayoría teme que la adhesión a la UE provoque un daño irreversible al perder el control sobre sus ricos caladeros. Para contrarrestar este temor, en las últimas semanas han llegado mensajes desde Bruselas que apuntan a que la Unión Europea estaría dispuesta a negociar un acuerdo específico sobre las cuotas pesqueras si ello facilitara la incorporación de Islandia al bloque. Por otro lado, los agricultores también temen que la plena adhesión a la UE provoque una avalancha de importaciones agroalimentarias más baratas frente a las que no podrían competir. Como señala el politólogo de la Universidad de Akureyri, Grétar Þór Eyþórsson, “un acuerdo con la UE que amenazara la parte más importante de nuestra economía significaría automáticamente el "no" a la pertenencia a la UE”. TE PUEDE INTERESAR Entre quienes defienden el “sí”, entre ellos los partidos que forman la coalición de gobierno de centroizquierda, se argumenta que una eventual adhesión a la Unión Europea ayudaría a reducir la inflación y los tipos de interés, al abandonar la corona islandesa y adoptar el euro. Actualmente, la inflación ronda el 5,2% (el doble que en la UE), y los expertos señalan que los precios de los alimentos pueden resultar caros, en parte debido a los impuestos sobre los productos importados desde la UE. La campaña a favor del “sí” también se enfrenta a quienes cuestionan la necesidad de formar parte de la UE cuando Islandia ya disfruta de buena parte de las ventajas de la integración europea sin ser miembro del bloque. Sin embargo, Grétar Þór Eyþórsson señala que “por ahora, no estamos en la mesa donde se toman las decisiones que nos terminan afectando”. Con todo, Eyþórsson subraya que este referéndum únicamente autoriza a reabrir las negociaciones con Bruselas. Después se abriría un proceso negociador complejo que culminaría con un segundo referéndum para decidir sobre la entrada definitiva en el bloque: “Un 'sí' en agosto no significa en absoluto que vaya a ser un 'sí' en el futuro”. El 29 de agosto, los islandeses están llamados a votar en un referéndum para decidir si desean, o no, volver a la mesa de negociaciones con Bruselas para unirse a la Unión Europea. En el pasado, el país nórdico no quiso realmente formar parte del club europeo, ya que en 2013 dejó de lado el proceso de adhesión a la UE, convencido entonces de que no necesitaba dar el paso hacia la plena integración comunitaria.
¿Islandia, nuevo miembro de la UE? El referéndum que divide el país
Los islandeses deciden si reabrir las negociaciones con Bruselas en un debate marcado por la soberanía nacional, la pesca y la creciente incertidumbre en el Ártico









