Los islandeses acuden este sábado a las urnas para decidir en referéndum si esta isla del Atlántico Norte, que durante decenios ha preferido no formar parte de la Unión Europea (UE), reanuda o no negociaciones con Bruselas para una posible adhesión al club comunitario. El resultado se anuncia muy reñido. Según la última encuesta, publicada el miércoles por el diario Visir , una estrecha mayoría del 51,3% está a favor de sentarse de nuevo a negociar con la UE, frente al 48,7% que se declara en contra. Pero nadie en Reikiavik osa dar por segura la victoria de un bando o del otro.Aunque el apetito expansionista del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por la vecina Groenlandia ha hecho mella en la mirada de Islandia a su propia seguridad y defensa, la geopolítica ha estado relativamente ausente en la campaña, tanto del sí como del no. Asuntos más cercanos y palpables, como reducir la inflación y los altos precios –así dicen los partidarios del sí–, o defender la pesca y la soberanía nacional –los grandes argumentos de los detractores–, decantarán probablemente la balanza.Los partidarios del sí“Somos un país rico, por lo que vivir aquí siempre será relativamente caro, pero los precios de los alimentos son excesivos”, alerta el diputado liberal Pawel BartoszekEl alto coste de vida y la volatilidad de la moneda nacional, la corona islandesa, están presentes en todos los debates. “Vivimos en un país donde los intereses hipotecarios alcanzan el 8% y el 9%; es una tasa muy alta, en la eurozona el promedio ronda el 3% o el 4%. Esa disparidad de hasta un 5% supone una gran diferencia para muchos hogares islandeses. Solucionar esto es uno de los beneficios que veo de una posible adhesión a la UE y de la adopción de la moneda única”, dice Pawel Bartoszek, diputado del Partido Reformista Liberal, socio del Gobierno tripartito de la primera ministra socialdemócrata Kristrún Frostadóttir.En una entrevista el jueves en el Althingi, el Parlamento unicameral islandés, el diputado liberal se explayó con la cesta de la compra. “Somos un país rico, por lo que vivir aquí siempre será relativamente caro –admite Bartoszek–, pero los precios de los alimentos son excesivos, son más altos de lo que podrían ser. Cuando Finlandia y Suecia ingresaron en la UE en 1995, los precios de los alimentos bajaron en torno al 25% en la década siguiente, algo que no ocurrió en Noruega ni Islandia, que se unieron al Espacio Económico Europeo pero no a la UE”.Transeúntes ante la Hallgrímskirkja, icónica iglesia de Reikiavik, el 25 de agosto, en vísperas del referéndum sobre conversaciones con la UE JONATHAN NACKSTRAND / AFPLa escalada de precios se debe a la falta de competencia, al coste del transporte de los productos –la mitad son de importación– y a la volatilidad de la moneda. Según un análisis del sindicato de los académicos Viska publicado en mayo, Islandia se ha convertido en uno de los países más caros del mundo, con precios más altos que los de Suiza y un 84% por encima de la media de los 27 países comunitarios.Incluso en supermercados técnicamente asequibles como Krónan o Bónus, los importes de los productos en los estantes duelen en el bolsillo. Ayer vimos un kilo de pimientos por 700 coronas (cinco euros), un paquete de diez huevos a 1.075 coronas (7,6 euros), y una barra de pan de medio kilo por 655 coronas (4,6 euros). Incluso el emblemático perrito caliente islandés, paradigma de comida rápida y barata, se ha encarecido con la inflación. De costar el equivalente a 3 euros hace pocos años ha pasado a 6 euros e incluso más.El jueves, la oficina nacional de estadística (Hagstofa Íslands) notificó que la inflación ha alcanzado su nivel más alto en dos años. Los precios al consumidor crecieron un 5,6% interanual, el máximo desde agosto del 2024, con subidas sobre todo en vivienda, alimentación y transporte. Los partidarios del no suelen replicar que los sueldos son más altos en Islandia que en la UE: aquí los salarios más bajos rondan los 3.000 euros brutos mensuales.Con todo, el ritmo de incremento de precios molesta ya a todos los bolsillos. Islandia pidió el ingreso en la UE en el 2009 debido a la crisis financiera, pero en el 2013, el entonces nuevo Gobierno conservador congeló las negociaciones. Está por saber si ahora los altos precios influirán lo suficiente como para superar en el referéndum a quienes temen por el futuro de la pesca.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia