IntemperieLos recortes del Estado del bienestar obligan a amplias capas de la poblaci�n a endeudarse no s�lo para comprar una vivienda, sino para estudiar, ser curado o cuidar a los abuelosUn hombra comprando alimentos en un supermercado del centro de Madrid.EMActualizado Jueves,

agosto

23:01Audio generado con IALa vida real es eso que pasa entre las peleas de nuestros pol�ticos, incapaces de orillar sus diferencias incluso en una crisis de Estado como la de Ceuta, y el ruido insufrible de los tertulianos de cuota. Este peri�dico inform� ayer que los hogares afrontan su quinto oto�o caliente por el alza de los precios. La factura el�ctrica, en plena tormenta de Ormuz, se ha disparado m�s de un 20% en agosto: el recibo de la luz de un hogar medio con tarifa regulada ya pasa de 61 euros. Las casas siguen en m�ximos tras 12 a�os de subidas ininterrumpidas y es f�cil dejarse 50 euros en un supermercado sin comprar nada fresco. El ascensor social, averiado; el horizonte para los j�venes, negro; y los servicios b�sicos, cada vez peor. Esta semana hemos sabido que el 14,2% de los pr�stamos concedidos ya son para pagar la universidad mientras los centros p�blicos languidecen por la detracci�n de recursos a la privada. El sistema sanitario ha dejado de ser fiable: ya es recurrente acudir a las sociedades para someterse a pruebas y operaciones car�simas. Y, aunque el empleo va como un tiro, Fedea avisa de que uno de cada tres menores se halla en riesgo de exclusi�n social. Esta vulnerabilidad obedece a los sueldos raqu�ticos, s�. Pero tambi�n a las cargas que entra�a la crianza. En Madrid, con una rid�cula oferta p�blica, enviar a tu hijo a una escuela infantil privada cuesta m�s de 500 euros mensuales. Toma conciliaci�n.Para explicar este castigo a los trabajadores -que no es un fen�meno atmosf�rico, sino una pulsi�n ideol�gica vinculada a intereses de clase-, ser�a absurdo obviar el arraigo hist�rico de eso que el periodista Carlos S�nchez llama �capitalismo de amiguetes� o el alcance global de la inflaci�n, el peor impuesto para los pobres, seg�n el rico Felipe Gonz�lez. Espa�a no es una excepci�n, pero aqu� a nadie parece importarle el deterioro galopante de la calidad de vida del grueso de la ciudadan�a. Ni al Gobierno, que no es tan socialcomunista como fabulan sus enemigos pese al notable incremento del salario m�nimo, la creaci�n del ingreso m�nimo vital o la revalorizaci�n de las pensiones; ni al PP que, con el viejo consenso socioliberal ya magullado, asesta recortes sin sufrir por ello desgaste alguno en las urnas. La anestesia no mitigar� los efectos del empobrecimiento: m�s desigualdad, m�s desencanto con las elites y m�s sentimiento antisistema. No habr� paz social sin Estado del bienestar.Endeudarse no s�lo para comprar una vivienda, sino para estudiar, ser curado o cuidar a los abuelos. Lo de las joyas de Zapatero y el �tico de Ayuso da mucho juego, pero lo que de verdad le quita el sue�o al personal es su bolsillo.