Hay momentos en un país donde los partidos están obligados a entenderse y poner el interés general por delante de cualquier otra ambición política. Lo que ha sucedido y sigue sucediendo en Ceuta es uno de ellos. Quizás es uno de los ataques más graves a la integridad territorial de España en democracia y el mayor conflicto social y humanitario que puede tensionar nuestro estado del bienestar y sus recursos hasta un límite inimaginable.La inmensa mayoría de los españoles coincidiremos en la necesidad de proteger las fronteras, garantizar la seguridad en todo el territorio y proteger a las personas más vulnerables. Si estos temas son cuestiones de Estado, debería existir un cierre de filas en su defensa en este país, al margen de la exigencia de explicaciones para saber qué pasó, qué se va a hacer para que los ceutíes recuperen su día a día y sobre todo para que esto nunca más vuelva a ocurrir.El comportamiento de los ceutíes tras 30 días de angustia, desesperanza y desasosiego está siendo ejemplar. A pesar de los intentos permanentes de sembrar odio que hemos presenciado en los últimos días. Claveles frente a bates de béisbol y llamas en la playa del trampolín son el mejor retrato de las manifestaciones pacíficas de quienes solo quieren recuperar su vida cotidiana. Frente al odio y a la violencia, los ceutíes siguen dando un ejemplo de civismo que debería hacernos recapacitar.Ceuta merece ser escuchada y no utilizada en el rifirrafe partidista. Al cierre de estas líneas sigo preguntándome a qué fue determinado exgobernante de nuestro país, que no destacó como ejemplo de transparencia e información ante las tragedias. Tampoco han ayudado a arrojar certezas sobre lo ocurrido las intervenciones contradictorias entre ministros, y tendrán que ser disipadas por el presidente del Gobierno. Como no ha ayudado la posición desapegada y distante de la Unión Europea, que obvia su responsabilidad en la frontera sur.Ni lo ha hecho ver a nuestros militares teniendo que llamar al 112 para proteger su integridad física, aquellos que nos protegen no tienen capacidad para garantizar su seguridad.Y evidentemente se ha llegado tarde a esta crisis con decisiones que pudieron ser adoptadas en las primeras horas, desde la coordinación entre instituciones, mando único o solicitud de presencia a Frontex en nuestra frontera. Pero todo esto no puede ocultar un rostro inhumano y cruel presente en las calles de Ceuta. Niñas que se cuentan ya por casi una veintena agredidas sexualmente. Otras que acabamos de conocer han requerido la intervención de nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad porque fueron atrapadas por la trata a cambio de techo y comida, siendo su destino pisos donde ser prostituidas.Mientras estos menores regresan con sus familias, quienes entraron aquellas fatídicas horas vuelven a su país y la normalidad retorna a la vida de los caballas, Ceuta tiene que ser escuchada y atendida por todas las instituciones del Estado. Salir a la calle en el resto de lugares de España, pero impedir ayudar y socorrer a una ciudad que no puede más es además de insolidario muy poco patriota. Ceuta es española tanto como las demás y merece que los localismos insolidarios cedan al interés general y de Estado. En este momento la responsabilidad política está ahí y todos tienen posibilidad de ejercerla. Cada cual a un nivel territorial pero todos tienen capacidad y el deber de auxiliarla. Claveles frente a violencia y compromiso frente a buenas palabras.