Actualizado a las 01:22h.
A un lado del rompeolas, unos jóvenes inmigrantes lavan sus camisetas y empapan sus cabezas para combatir el calor. Al otro, los ceutíes comienzan a recuperar una cotidianidad quebrada hace días, como es la de pasar una tarde bajo la sombrilla y entre zambullidas en ... el mar. El recuerdo de lo ocurrido permanece, en primer lugar, porque aún no ha terminado, y porque nada se olvida tan rápido. Cuentan que, estos días, han sentido que la ciudad ha sido abandonada, mientras que sus miradas están puestas en un futuro que prevén complejo porque piensan que si ha sucedido una vez y no se toman medidas, nada impedirá que vuelva a ocurrir.
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