12:45 del sábado en la playa del Sarchal, Ceuta. Decenas de jóvenes se bañan en la orilla, lavan su ropa, se tienden sobre las piedras, ponen los móviles al sol con la esperanza de que funcionen nuevamente para llamar a sus familias, y miran todo el tiempo hacia el acantilado que los separa de la ciudad. Algunos están heridos y tratan de encontrar un sitio para descansar después de pasar la noche huyendo de los cuerpos de seguridad. Intentan ocultarse en este sitio inhóspito, donde la niebla no desaparece hasta entrada la tarde, como si hasta el horizonte les negara cualquier oportunidad. De repente se siente un megáfono que les habla en árabe desde la cima del acantilado. El Ejército los ha localizado. Una veintena de niños y adolescentes comienzan a llorar y gritar asustados cuando les sobrevuela un helicóptero. Ninguno quiere regresar a Marruecos, aunque eventualmente tendrán que hacerlo, o al menos ese es el plan de las autoridades. Para muchos, todo fue una aventura, un juego de par de días en el lado español de la frontera, pero algunos tuvieron que realizar aparatosas travesías para llegar a la ciudad autónoma y ahora prefieren morir en esa playa antes que volver. Ceuta ha vuelto a ser una ciudad funcional este sábado, las terrazas se llenaron tras la apertura de las tiendas y restaurantes, y ya regresaron a Marruecos la mayor parte de los inmigrantes que entraron por la frontera estos días. El Ejército se mantiene desplegado en casi cada calle y ese operativo es el que ha permitido “guiar a los chicos a la frontera”, como dijo bajo anonimato a este diario uno de los soldados musulmanes que tienen como misión “convencerlos de volver”. La ciudad se ha convertido en el principal destino migratorio español, como muestra el siguiente gráfico, y estrategias como esta son intentos desesperados para encontrar una solución. La playa del Sarchal también fue utilizada por muchos inmigrantes en 2021 después de entrar a nado por las de Tarajal y Benzú, y Nuorddine Ben Yachrak la tenía como último recurso. Este inmigrante de 31 años, natural de Castillejos, pasó la noche del viernes huyendo de la Policía y por eso intentaba construirse en la playa una chabola para descansar. Conoce muy bien España y ha pasado varios años de su vida en Ceuta, Málaga, Madrid o San Sebastián, pero en seis ocasiones ha regresado o ha sido deportado a Marruecos. Su plan consiste en evitar a toda costa un séptimo regreso. “Tenía mucho miedo de que me detuvieran y por eso llevo dos días sin dormir y casi sin comer”, explica Ben Yachrak mientras sostiene su móvil, que dejó de funcionar tras mojarse durante su travesía a nado. “Estoy aquí porque casi me atrapan en la playa de la Ribera y en el puerto. Tengo miedo a quedarme dormido y que cuando despierte esté en Marruecos. Eso no puede ocurrir, prefiero morir en esta playa. No quiero que la Policía marroquí me vuelva a golpear y encarcelar sin hacer nada. La última vez que me deportaron fue hace dos años. Tengo mortadela, pan y agua para aguantar”. Ben Yachrak era el único que hablaba español del centenar de inmigrantes que se refugiaban en el Sarchal. Todos sus compatriotas lo utilizaban como traductor para pedir un móvil o baterías portátiles que les permitieran cargar los suyos. Una veintena de niñas y niños también se le acercaban por la espalda para preguntar si sabíamos algo de los centros para menores. Bajaban muy despacio a través de las rocas empinadas e inaccesibles donde se habían escondido por recomendación de los adultos. Cargaban con alguna ropa mojada, lavada previamente en la playa, por si existía la posibilidad de irse a algún sitio de acogida. Un inmigrante lavaba ayer su ropa en el mar. (P. P.) Los menores tienen mucho miedo de acercarse a las autoridades porque saben que muchos han sido devueltos a Marruecos, alerta Ben Yachrak. Lo mismo les ocurre a los heridos que se refugian en la zona. Son dos hermanos que, mientras muestran a este diario sus heridas en los pies, también visiblemente hinchados, lloran contando cómo perdieron durante la travesía a un tercer hermano menor, de tan solo ocho años. Según la traducción de Ben Yachrak, los tres salieron a nado para hacer una ruta de seis kilómetros entre Castillejos y Ceuta, pero poco después de perder de vista al niño en algún punto de ese trayecto, lo vieron flotando y con el abdomen inflado. Tuvieron que seguir para salvarse y ni siquiera han podido hablar con sus familiares en Marruecos. Ahora no tienen ni idea de dónde pueden encontrar atención médica y prefieren no arriesgarse porque han escuchado que a otros compatriotas los devolvieron después de solicitar asistencia. A pesar de las dificultades para caminar que presentaban ambos hermanos, lograron escabullirse con la ayuda de otros inmigrantes cuando el Ejército comenzó a gritarles por altavoz que despejaran la zona. A pesar de que la alarma fue momentánea porque los soldados no bajaron a la playa, algunos de los congregados salieron de la costa por otras zonas aún más intrincadas, otros se escondieron entre las rocas y solo se quedó un pequeño grupo que lideraba Ben Yachrak. Meditaba en su chabola a medio construir sobre cómo podía salir de esa situación sin ser devuelto. Los vendajes improvisados en extremidades son constantes entre los marroquís que cruzaron la frontera. (P. P.) Dos agentes de la Policía Local que vigilaban la calle Escuelas Prácticas en la cima del acantilado dijeron a este diario que era imposible asistir a los inmigrantes heridos en la playa: “Las solicitudes se emiten, pero las ambulancias tardan un montón en llegar a cualquier sitio porque solo hay tres disponibles ahora mismo en toda la ciudad”. Ni siquiera dieron parte de la situación y se alejaron en el coche patrulla. Por estos días se han normalizado las dificultades para recibir asistencia médica en Ceuta, pues desde el jueves los galenos locales advirtieron que la crisis migratoria estaba desbordando los recursos de acogida y asistencia. Este sábado subieron el tono y calificaron de "catástrofe asistencial" lo que estaba ocurriendo. El sistema sanitario ceutí, que ya enfrenta serios problemas a pesar de estar subordinado directamente al Ministerio de Sanidad, jamás se había enfrentado a una situación como esta. Como evidencia el siguiente gráfico, la actual crisis supera ampliamente a la de 2021. Se animaron a venir por videos de redes sociales Este sábado las calles de Ceuta cambiaron de protagonistas completamente. Si el viernes apenas se dejaban ver vecinos y tanto los negocios como los edificios residenciales permanecían con todas las persianas bajadas en respuesta a la turba de inmigrantes, este sábado las terrazas y comercios estaban repletos. Solo cada un par de calles se podían ver grupos mucho más pequeños de jóvenes con poca ropa o descalzos, que se acercaban al centro casi exclusivamente en busca de avituallamiento. Un padre y sus dos hijos menores (14 y 17 años) buscaban agua y tabaco, pero tenían miedo de entrar a una tienda. Llegaron el jueves junto a otro joven de 21 años que apenas hablaba inglés y soñaba con ser diseñador de ropa en España. Ninguno quería regresar a Marruecos. Casi al final de la calle Real, en las inmediaciones del Centro de Reconocimiento de Conductores, que permanecía completamente acordonado, dos marroquíes de 37 y 33 años contaron a El Confidencial cómo llegaron a Ceuta. Ambos son de Casablanca y uno llevaba tres años viviendo en Castillejos, pero el otro llegó a esa ciudad fronteriza con Ceuta hace solo un mes después de un largo viaje en autobús. Se atrevió a dejar Casablanca porque escuchó rumores de que podría llegar a Ceuta. Empezó a ver vídeos en redes sociales de personas que emprendían la ruta y decían que la frontera con España iba a estar abierta. El plan de esos dos inmigrantes también consistía en llegar a alguna playa para pasar el tiempo y evitar el regreso a Marruecos. Llevaban seis botellas de agua y varias barras de pan, justo dos de los productos más demandados en el Mercadona de Avenida España. Ese es uno de los pocos supermercados de la ciudad que casi no han dejado de vender alimentos durante la actual crisis. En la tarde de este sábado permanecía completamente militarizado. Tanto la entrada principal como la de servicios tenían varios vehículos del Ejército apostados, además de un cordón de seguridad con varios efectivos por todos los alrededores. Ahmed Yassine y Ayoub Hanif, ambos de Casablanca, posan en una calle central de Ceuta, tras haber conseguido algo de comida. (P. P.) El soldado musulmán de origen árabe consultado por este diario estaba a unos 400 metros del Mercadona, y en ese tramo había otros dos efectivos que vigilaban constantemente la zona. Como el operativo consiste en militares apostados cada 100 o 150 metros aproximadamente, la idea es detectar a los inmigrantes y enviarlos hacia puntos de encuentro previamente acordados. De ahí luego son escoltados hacia la frontera. Gracias a esa estrategia, “cada vez quedan menos y, al hablarles en árabe, no es tan difícil convencerlos”, aclara el militar. “El tema es que a mí me han entrenado para eso y al final no les cuento ninguna mentira”, continúa el soldado que lleva tres días sin ducharse y lamenta haberse perdido el primer gateo de su hijo pequeño. “Les hablo del acuerdo adoptado entre el Gobierno español y el marroquí, y les explico que su mejor opción es regresar. Si me piden comida o agua no puedo hacer mucho, porque de eso no tenemos suficiente ni nosotros”. Ya sea por iniciativa propia o de manos de los cuerpos de seguridad, la mayor parte de los marroquíes han regresado y los empresarios de Ceuta están muy contentos con esta paulatina vuelta a la normalidad. “Al menos aquí en el centro ya casi no se nota porque los que quedan se han ido al extrarradio”, explica a El Confidencial Marina Castaño, dueña de dos cafeterías ubicadas en dos plazas muy céntricas. “Llevábamos dos días cerrados, porque a pesar de que el viernes intentamos abrir, fue un caos y terminamos siguiendo la recomendación de las autoridades. No podíamos garantizar la seguridad de los trabajadores y ha sido muy duro perder dos días de venta en pleno verano cuando más público tenemos”. Marroquís saliendo voluntariamente de territorio español, guiados por el ejercito. (P. P.) Otros ceutíes todavía no superan todo lo vivido estos días. El taxista Hadeel Khalil explicó entre lágrimas a este diario que no se puede trasladar el sufrimiento de unos seres humanos a otros. Entiende que muchos de estos jóvenes huyen de problemas en sus países y solo buscan una oportunidad, pero eso no debería provocar el pánico que se ha generado en la comunidad de vecinos que preside. “Ni yo ni mis vecinos queríamos a salir a nada, porque después de que ayudamos a un grupo muy grande dándoles agua, comida y ropa, seguían viniendo en masa pidiendo más”, explica el taxista de 62 años residente en la Avenida Madrid. “Estuve dos días sin trabajar y eso me afectó porque tengo una familia que sustentar. Un vecino se me echó encima llorando aterrorizado y a mí me querían quitar hasta unos panes congelados que compré después de hacer cinco horas de fila en un supermercado. Le explicaba que debía hornear los panes y seguían insistiendo. Tenían mucha hambre”. Ceuta, cubierta por la niebla, en la tarde de ayer. (P. P.) Al cierre de este reportaje, casi a las 9 de la noche, el periodista Iago Soler de El Toro TV fue agredido violentamente por un ceutí de origen marroquí en una manifestación convocada en respuesta a la quedada anunciada por la formación de extrema derecha Núcleo Nacional. “Me dio un golpe muy fuerte en el cuello con el antebrazo”, explica Soler sobre la agresión que grabó completamente con su móvil. “Luego me dio una hostia y me empujó contra un escaparate”. Este episodio es solo uno de los varios momentos de tensión que han protagonizado vecinos y agitadores en las calles de Ceuta a medida que caía la noche. También se registraron cargas policiales tras los disturbios que se generaron a raíz de la convocatoria realizada por el eurodiputado Luis ‘Alvise’ Pérez.
Los inmigrantes que se resisten a volver a Marruecos: "Prefiero morir antes en esta playa"
Tras animarse por vídeos de redes sociales, algunos no quieren echar por tierra un viaje en el que se han jugado la vida. El ambiente se restablece poco a poco tras el operativo del Ejército, pero en la noche hubo altercados y cargas policiales











