Tres jóvenes marroquíes caminan juntos desde Ceuta hasta Castillejos. Están volviendo a Marruecos. “Yo vine desde Tánger, compartía coche con ellos dos, que también iban solos y no los conocía”, explica Simo mientras camina con elDiario.es el kilómetro que separa el nuevo control policial a la salida de localidad marroquí del paso fronterizo hacia Ceuta.

Descalzos, sin teléfonos móviles y tras varios días durmiendo en la calle, cuentan que, tras cruzar a Ceuta el pasado jueves junto a decenas de miles de migrantes más, había cientos de personas en las calles de la pequeña ciudad española. Para Simo, que señala varias cicatrices en las manos y en los brazos a causa de su trabajo en el campo, la vida en Marruecos se ha tornado más difícil para la juventud del país.

Los tres se conocieron por primera vez hace escasos días y ahora parece que han pasado toda una vida juntos. “Hemos vuelto porque la frontera está saturada”, explica. El camino de Simo y sus dos amigos termina entre coches policiales tras la intensificación de controles de las fuerzas de seguridad marroquíes en Castillejos.

Al alzar la mirada en dirección a Ceuta, bajo una atmósfera brumosa, se percibe una nueva estructura flotante de color naranja en el mar. Es la barrera neumática de 500 metros que está instalando el Gobierno de España en el espigón de el Tarajal, apenas un día después de que Pedro Sánchez anunciara el nuevo elemento durante su visita a la ciudad autónoma, en la que avanzó que se situarían boyas “para que se vea desde el punto de vista administrativo que existe una barrera de contención y, por tanto, se pueda producir y desarrollar esas repatriaciones en frontera”.