Sin acritudLo que no resulta aceptable es sembrar sospechas de fraude sin pruebasDecenas de inmigrantes hacen cola en el Ayuntamiento de Valencia.Actualizado Viernes,

julio

22:56Audio generado con IALa degradaci�n del debate pol�tico est� alcanzando niveles de histeria. Hemos entrado ya en una fase particularmente corrosiva: la deslegitimaci�n del adversario. Estos d�as desde sectores de la derecha se ha planteado que la ampliaci�n del censo derivada de la llamada �ley de nietos� o una eventual regularizaci�n de inmigrantes estar�a alterando intencionadamente el mapa electoral. La acusaci�n apunta a un pucherazo de nuevo cu�o: la manipulaci�n del censo en beneficio del PSOE. En ese clima, la presidenta madrile�a, D�az Ayuso, ha reclamado la presencia inmediata de observadores internacionales, como si la nuestra fuera una democracia sospechosa.Se puede discrepar del hecho de �regalar� la nacionalidad como reparaci�n hist�rica, medida que el PP apoy� en su d�a, o denunciar el oportunismo de una regularizaci�n migratoria. Lo que no resulta aceptable es sembrar sospechas de fraude sin pruebas. Cuando se erosiona la confianza en el sistema electoral, se debilita la democracia.En el bloque opuesto, la izquierda lleva tiempo abonando una ret�rica igualmente deslegitimadora. Cada investigaci�n judicial que afecta a su entorno es presentada como lawfare. Se habla abiertamente de jueces al servicio del �quien pueda hacer, que haga�.El Gobierno ha interiorizado una suerte de �doctrina Garc�a Ortiz�: no entregar cabezas. La imputaci�n de la directora general de la Guardia Civil y de su DAO, que deber�a acarrear ceses inmediatos por responsabilidad institucional, queda absorbida por una l�gica defensiva. Los socialistas llegan a refugiarse en distinciones tan artificiosas como sostener que unos �caf�s� no equivalen a �reuniones�. Todo acaba interpret�ndose como un ataque, alimentando la narrativa de la persecuci�n.Espa�a tiene problemas serios con la colonizaci�n partidista del �rgano de gobierno de los jueces. Hay resoluciones discutibles, como la decisi�n del juez Peinado de retirar el pasaporte a la esposa del presidente alegando riesgo de fuga, una medida dif�cil de justificar, y filtraciones interesadas. Todo ello merece cr�tica. Pero convertir al Poder Judicial en enemigo de la izquierda supone cruzar una l�nea peligrosa.Mientras unos hablan de alteraci�n partidista del censo, otros sostienen que los tribunales act�an como agentes pol�ticos. Unos anticipan fraude electoral; otros denuncian un golpe judicial. Ni lo uno ni lo otro. Espa�a necesita cr�tica razonada, no histeria.