Ciudad abierta"Se aprecia un colapso en la capacidad de respuesta gubernamental: la f�brica de relatos ya no produce como antes, y hasta parece que una parte de su plantilla hace huelga de brazos ca�dos"El presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.Actualizado Lunes,

junio

22:53Audio generado con IANo resulta original decirlo, pero es cierto: vivimos una �poca de hiperactividad informativa. Un tiempo en el que incluso las noticias m�s escandalosas duran poco, la competencia por el inter�s de los ciudadanos es feroz, y la industria de la actualidad -en redes, TVs, radios y prensa- devora contenidos con una rapidez asombrosa.Esto ocurre en todo el mundo occidental. Lo que cambia seg�n el pa�s es lo bien -o mal- que se adaptan los gobiernos a esa aceleraci�n informativa. En Reino Unido, por ejemplo, el ejecutivo de Starmer parece constantemente sobrepasado por los titulares del d�a, incluso cuando estos no dan fe de esc�ndalos muy graves o de pol�micas que se le puedan imputar directamente. Y en Espa�a ocurre lo contrario: los gobiernos de Pedro S�nchez llevan ocho a�os cabalgando y hasta manejando el debate p�blico con notable habilidad. No es que haya realizado una labor sobrehumana: hablamos de un presidente que nunca ha obtenido m�s de 123 esca�os en unas elecciones, y que ya qued� segundo en las �ltimas generales. Pero, justamente por tener una popularidad real tan limitada, se puede considerar que sus dotes para introducir temas favorables en la agenda o para mantener engrasada la maquinaria del spin son uno de los motivos de su supervivencia.Hasta ahora. Porque no se recuerda otro momento en el que el sanchismo haya parecido tan sobrepasado por los titulares como este. El aire crepuscular que se aprecia no se debe solamente a la gravedad de los esc�ndalos que se est�n conociendo, desde las 'cloacas' de Leire D�ez hasta los negocios de Zapatero, pasando por la yincana de corruptelas a la que se habr�an entregado algunos de los hombres fuertes del presidente. Tambi�n se aprecia un colapso en la capacidad de respuesta gubernamental: la f�brica de relatos ya no produce como antes, y hasta parece que una parte de su plantilla hace huelga de brazos ca�dos. Quienes a�n se prestan a apuntalar al Gobierno lo hacen con materiales defectuosos. Se oscila desde la denuncia de una presunta conspiraci�n global para tumbar a S�nchez hasta la repetici�n de todo tipo de argumentos falaces y falsas dicotom�as. Zapatero ha sido imputado, pero seguro que Aznar tambi�n ha hecho cosas malas; hay indicios de que Ferraz mont� una operaci�n criminal para beneficiar al presidente, pero es escandaloso que la Justicia est� actuando r�pido para destaparla; etc.Lo novedoso de este momento no es que el discurso sea pobre o alucinado. Las justificaciones de la amnist�a a Puigdemont fueron tan endebles e indecentes como muchas de las consignas que se est�n poniendo en circulaci�n ahora. El oficialismo ha demostrado, en fin, que no tiene problema en defender lo indefendible con argumentos disparatados. Pero da la impresi�n de que esto era posible cuando pod�a centrar su atenci�n en una �nica pol�mica. Ahora, la multiplicaci�n de esc�ndalos dificulta la tarea; hay demasiados frentes abiertos. Y esa hiperactividad informativa que el sanchismo supo manejar durante a�os amenaza con arrollarlo.