El presidente se vuelca en trasladar un mensaje de vuelta a la política, con agenda e iniciativa: así logra hablar de gestión y no de escándalos judiciales
El año acabó con incesantes rumores sobre un posible adelanto electoral y la caída definitiva de Pedro Sánchez y el nuevo año arranca con el Gobierno enfrascado en demostrar exactamente lo contrario: que tiene mucha agenda, que va a seguir, que está cerrando negociaciones importantes con sus socios para mantener la legislatura y que puede volver a controlar la situación....
Sánchez ha decidido arriesgar mucho en el arranque del nuevo curso político con dos cuestiones, una que no podía controlar, como el ataque de EE UU a Venezuela, con una inédita operación militar en Caracas para capturar a Nicolás Maduro, y otra que sí podía dirigir e incluso dejar dormir, como la financiación autonómica. Y con ambos asuntos y otros con los que ha arrancado el año, como un acuerdo con Iglesia para resarcir a las víctimas de la pederastia que ha dirigido Félix Bolaños, o varios choques con Meta o con X que llevan a cabo distintos ministerios, y planes de vivienda que están en plena discusión interna, Sánchez logra cambiar el eje del debate político y mediático en España, en un mes sin Congreso y por tanto sin sesiones de control, con más protagonismo del Gobierno y menos de la oposición.






