El presidente juega a ser la némesis de Trump y conecta con amplios sectores progresistas en todo el mundo, pero La Moncloa enfría las especulaciones sobre un adelanto de las generales

Acaba de cumplir 54 años, que en política no es mucho, pero su atípico recorrido ha convertido a Pedro Sánchez en un político muy curtido. Tras casi ocho años en La Moncloa, el líder del PSOE es uno de los primeros ministros más veterano de Europa. En el Consejo Europeo casi todos llevan meno...

s tiempo que él en el cargo. Sánchez ha dedicado muchas horas, bastante más que sus dos últimos antecesores, a la política internacional. Tiene contactos, experiencia y un cierto olfato. Por eso cuando el pasado sábado llegaron las primeras noticias del bombardeo de EE UU e Israel sobre Teherán, que mató al líder supremo de ese régimen, Ali Jameneí, el presidente tomó una decisión muy rápida: “Vamos a estar donde siempre: en contra. Como estuvimos en Gaza. Vamos a ser coherentes”, les dijo a sus colaboradores.

En las primeras horas, Sánchez lanzó mensajes duros y diferentes a los de otros líderes europeos, que no se animaban a criticar a Donald Trump y Benjamín Netanyahu, que daba la sensación de que se quedaría solo. “Rechazamos la acción militar unilateral de EE UU e Israel, así como rechazamos las acciones del régimen iraní y de la Guardia Revolucionaria. No podemos permitirnos otra guerra devastadora en Oriente Próximo”, lanzó Sánchez mientras los líderes de Francia, Reino Unido, Alemania e Italia eran más tibios o callaban.