La impopularidad en España del presidente de EE UU y los antecedentes de otros mandatarios de países aliados que se han enfrentado a él sugieren que la crisis puede favorecer al líder socialista

Aunque Pedro Sánchez lleva más de un año erigido en la voz más discrepante con Donald Trump en la UE —sobre Gaza, sobre Venezuela, sobre el

uropeo-da-alas-al-gigante-armamentistico-rheinmetall.html" rel="" data-link-track-dtm="">gasto en armas—, el rechazo a prestar ayuda a la ofensiva contra Irán desde las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) marca un hito en las relaciones bilaterales. Sobre todo, por la contundente reacción de Trump, que este martes fue más allá del punto al que llegó cuando sugirió la salida de España de la OTAN y amenazó con cortar “todo el comercio” de EE UU con el país cuyo gobierno preside Sánchez.

Así que lo que tantas veces se había anunciado ya está aquí: un enfrentamiento de alto voltaje entre la Administración Trump y el Gobierno de España. Cómo impactará en la política nacional es imprevisible. Pero hay dos cosas seguras. La primera es que Trump es un personaje que suscita un extendido rechazo, según muestran las encuestas. Un dato: solo un 15,7% de la sociedad española tiene buena opinión de Trump, según el CIS. La segunda es que los líderes de países —teóricamente— aliados que han plantado cara a Trump en contextos de enfrentamiento se han visto beneficiados en las urnas o las encuestas.