Los ataques de Trump pueden favorecer las opciones de Pedro Sánchez en la política española
Respeto a la legalidad internacional de la ONU, la OTAN y la Unión Europea; llamamiento a la desescalada; vías pacíficas y diplomáticas; no a la guerra. Pedro Sánchez está marcando con estos criterios sus distancias respecto a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el canciller ale...
mán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer, trampean con la insolencia de Donald Trump. No es nuevo. El presidente español lleva ya cierto tiempo significándose como voz reactiva frente a Estados Unidos y a los demás líderes europeos, convencido de que la Unión Europea está siendo demasiado dependiente en un momento en que la deriva trumpista —y su desprecio por el viejo continente— debería conducir a marcar distancias y a acentuar el perfil propio. Y Trump favorece su empeño al decir que “España es un aliado terrible” y convertirla en enemigo número uno. El ruido del presidente estadounidense no le intimida, la experiencia enseña la volatilidad de sus amenazas. Y, al mismo tiempo, le da notoriedad como blanco de las iras del ogro con el pelo dorado.








