En su momento más difícil, con una situación política crítica con los dos últimos secretarios de organización del PSOE imputados en el Supremo por casos graves de corrupción, Pedro Sánchez encontró en La Haya, en la cumbre de la OTAN, un nuevo marco muy parecido al de la campaña de las elecciones de 2023, pero esta vez con un rival global: Donald Trump. El estadounidense entró en tromba contra España y contra su presidente, uno de los pocos mandatarios europeos progresista, el único en uno de los grandes de la UE.
La arremetida fue dura, no buscada -Sánchez evitó en todo momento el choque directo con el americano, incluso se sentó rápidamente para no tener que saludarlo- y el Gobierno ha decidido no contestar a la espera de ver qué consecuencias económicas reales tiene la amenaza de Trump, que puede quedarse solo en eso o escalar, aunque es difícil porque España no negocia la política comercial en solitario, todo lo hace la UE en conjunto. De hecho, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, respondió con diplomacia: “España es un socio esencial de esta relación transatlántica. Es una relación ya duradera, profunda, que tenemos con Estados Unidos, tanto a nivel bilateral como desde el punto de vista de la Unión Europea. La relación entre la UE y EE UU es la relación comercial más importante del mundo. Es un tesoro que queremos proteger”, señaló.








