La coctelera explosiva de la política española vivió este viernes una nueva jornada de vértigo, con una imagen durísima para el PSOE, con la Guardia Civil entrando en su sede central en la calle Ferraz para buscar los correos electrónicos de Santos Cerdán, el ex secretario de organización, mientras el presidente se reunía en La Moncloa varias horas con Salvador Illa, uno de los hombres clave del partido y siempre en las quinielas para una posible sucesión, y a la vez mantenía un durísimo pulso con EE UU y con la OTAN por su rechazo a comprometerse a llegar al 5% de gasto en defensa.
Pese a toda esta vorágine, el entorno del presidente insiste en que, vistas desde dentro de La Moncloa, las cosas son más normales de lo que parecen desde fuera y no hay una situación de inminentes decisiones drásticas, y mucho menos de dimisión del líder del PSOE, sino lo contrario: Sánchez está haciendo muchas llamadas y reuniones con los principales dirigentes socialistas, entre los que está Illa y todos los demás líderes territoriales, -también habló este viernes con la navarra María Chivite- y antes con los portavoces de los grupos, para perimetrar el tamaño del boquete que le ha abierto la presunta corrupción de sus dos últimos secretarios de organización, y a partir de ahí tomar decisiones con vistas al Comité Federal del PSOE del 5 de julio, donde reorganizará el partido, y también prepara un paquete de medidas de regeneración democrática para presentarlas en una comparecencia en el Congreso el 9 de julio.






