Ciudad Abierta"Es preocupante el clima pol�tico, con un Ejecutivo y un PSOE que ya no tienen problema en cuestionar a los investigadores"Aldama, �balos y Garc�a, durante el juicio.Actualizado Martes,
junio
03:14Audio generado con IAUstedes dir�n si debemos ver el vaso medio lleno o medio vac�o. Por un lado, tenemos el hecho de que las acciones corruptas de un ministro han sido investigadas, juzgadas y condenadas. Un ministro que en su d�a tuvo much�simo poder, ya que era al mismo tiempo el hombre de confianza del presidente, el secretario de Organizaci�n de su partido, y el titular del ministerio con mayor presupuesto. Adem�s, el juicio y la condena se han producido cuando quien nombr� a ese ministro sigue en el poder. Que el antiguo jefe y la antigua formaci�n de Jos� Luis �balos sigan controlando el Ejecutivo no ha supuesto su impunidad.Tambi�n es positivo que la sentencia del Supremo explique el efecto corrosivo que ejerce la corrupci�n sobre el sistema. As�, se recuerda que existen unas reglas b�sicas del Estado de Derecho, un terreno com�n al margen de las pugnas partidistas o las sensibilidades ideol�gicas, en el preciso momento en el que la existencia de ese terreno com�n se ve cuestionada o relativizada por puro oportunismo pol�tico. Tampoco se puede decir que los jueces y fiscales hayan estado solos en esto: pese a las presiones del oficialismo pol�tico y medi�tico, algunos medios se atrevieron a denunciar los indicios de corrupci�n que pesaban sobre �balos. Y buena parte de la opini�n p�blica ha mostrado una saludable indignaci�n ante las revelaciones sobre el comportamiento de la antigua mano derecha de Pedro S�nchez. La sentencia del Supremo ratifica, en definitiva, lo que se hab�a ido viendo desde que estall� este caso: nuestra democracia sigue teniendo contrapesos, defensores, anticuerpos.Pero luego est� todo lo dem�s. Todo lo que hace que un episodio que deber�a reforzar la fe en la madurez del sistema tambi�n aporte motivos para la preocupaci�n. Por ejemplo: que el ex ministro condenado por corrupci�n sea el mismo que defendi� hace ocho a�os la necesidad de un cambio de gobierno para castigar la corrupci�n demuestra cu�nto hubo de farsa en aquel movimiento supuestamente regenerador. La sustituci�n del PP por el PSOE y sus aliados no limpi� nuestras instituciones ni devolvi� la dignidad a nuestra vida p�blica. Solo cambi� la baraja de la corrupci�n, solo reparti� nuevas cartas.M�s preocupante a�n es el clima pol�tico en el que se ha recibido la sentencia, con un Ejecutivo y un PSOE que ya no tienen problema en cuestionar a quienes investigan sus potenciales y muy variadas corruptelas. La degradaci�n del oficialismo qued� nuevamente en evidencia cuando numerosas voces se mostraron m�s indignadas con el trato favorable a Aldama -por colaborar con la Justicia- que con la confirmaci�n de que un ministro de S�nchez us� su cargo para enriquecerse il�citamente; encima, en plena pandemia. El caso de las cloacas de Ferraz tambi�n muestra que la arremetida contra quienes investigan casos comprometidos para el Gobierno dej� hace tiempo de ce�irse a lo puramente declarativo. Y luego est� el hecho de que el presidente se haya negado a asumir ninguna responsabilidad pol�tica por las corruptelas de sus 'manos derechas'; y que sus correligionarios prefieren alentar la especie de que el Gobierno es v�ctima de un turbio complot judicial. De modo que uno puede ver el vaso medio lleno, s�. Pero no puede ignorar el inquietante y descarado vac�o de la otra mitad.








