Caf� steinerNuestra clase pol�tica sigue sin querer atarse al m�stil de la integridadAgentes de la UCO, en la sede del PSOE en Ferraz.EFEActualizado Domingo,
mayo
22:46Audio generado con IAHay un bucle diab�lico para nuestra democracia que va desde el caso Kitchen -donde se juzga al PP, entonces partido en el gobierno, por valerse de la polic�a para quitarse la corrupci�n de encima- al sumario de la cloaca del PSOE -donde el juez Pedraz investiga al ahora partido del gobierno por querer quitarse a la polic�a de encima en los casos judiciales que le afectan.En el 40� aniversario de nuestra adhesi�n a la Uni�n Europea, estos casos da�an nuestra imagen internacional y contribuyen a revivir todos los estereotipos que tanto ha costado desmontar sobre los d�ficits democr�ticos, institucionales y morales de los pa�ses del sur de Europa. Nos dibujan ante nuestros socios europeos como un pa�s con escasos est�ndares �ticos donde, como se�alan en su �ltimo libro Joaqu�m Bosch (magistrado) y Fernando Jim�nez (polit�logo experto en la materia), la corrupci�n es un �problema enquistado�.Lo peor es que, como se�alan Bosch y Jim�nez, si el problema est� enquistado lo es por decisi�n propia. El proceso de europeizaci�n de Espa�a ha permitido realizar numeros�simas reformas y cambiar culturas y h�bitos que pens�bamos consustanciales al ser espa�ol. Pero, nuestra clase pol�tica sigue sin querer atarse al m�stil de la integridad.Sigue sin querer descolonizar la Administraci�n P�blica, destruyendo los incentivos de los funcionarios para ascender por el puro m�rito, en lugar de gracias al compadreo pol�tico. Sigue dejando que la contrataci�n p�blica pueda ser manipulada por los cargos pol�ticos, ignorando las baremaciones de los expertos. Sigue sin renunciar a repartirse las empresas p�blicas como un bot�n en el que colocar a sus militantes, en lugar de convocar concursos p�blicos para nombrar a sus altos cargos. Sigue queriendo nombrar a jueces y fiscales por criterios ideol�gicos, para luego quejarse de lawfare. Sigue sin hacer p�blicos los registros de visitas a los Ministerios, como se hace en Bruselas, ni crear registros de intereses que hagan transparentes las actividades de lobby. Y sigue sin democratizar la vida interna de los partidos para que haya pluralidad y rendici�n de cuentas interna. Conectar la l�nea de puntos es f�cil: lleva a dibujar una democracia disminuida con un Estado de Derecho sostenido por cuatro jueces, tres polic�as y unas gotas de periodismo.













