En la izquierda y en el PSOE hay quien quita importancia al escándalo de Leire Díaz. O quien cree que es todo un invento de la UCO y del juez Pedraz. Atavismos del izquierdismo radical –“el estado capitalista es siempre culpable– o ciegos oportunismos –”todo vale para defender a los míos“– impiden a veces el frío análisis de las cosas y convierten las opiniones en demagogia. Porque el citado escándalo es gravísimo. Porque lo que se ha contado hasta ahora de manera creíble es que el secretario de Organización del PSOE y Leire Díez montaron un entramado de relaciones en la que a miembros de la judicatura, de la Guardia Civil y del aparato del Estado se ofrecerían toda suerte de compensaciones a cambio de que favorecieran los intereses o la suerte procesal de destacados socialistas, empezando por Pedro Sánchez.
Parece ser, pero aún no está confirmado del todo, que esa trama fue descubierta en su fase de preparación, cuando aún no se había concretado en intercambio espurio alguno, pero sí cuando ya había realizado numerosos contactos con los fines citados. En definitiva, cuando ya era algo operativo.














