La casualidad, el destino y qui�n sabe si hasta la justicia po�tica han querido que la opini�n p�blica espa�ola, clase pol�tica incluida (o tal vez sea al rev�s), haya presenciado estas �ltimas dos semanas, anonadada, una suerte de espejismo que en realidad no lo es tantoJusto cuando se juzga en la Audiencia Nacional la Operaci�n Kitchen, presunto espionaje de Estado ordenado, supuestamente, por el PP de la �poca del �ltimo presidente popular, Mariano Rajoy -un Watergate ya casi visto para sentencia que podr�a valerle a su entonces ministro del Interior, Jorge Fern�ndez-D�az, nada menos que 15 a�os de c�rcel-, ha emergido de las profundidades de las cloacas de la vida pol�tica y econ�mica espa�olas un leviat�n probablemente no inesperado, dadas las circunstancias, pero igualmente corrosivo para lo que llamamos democracia: un caso, en muchas particularidades, casi gemelo al del espionaje a B�rcenas. Pero del otro lado, si es que en estas cosas hay lados.Por su g�nesis en los bajos fondos del juego sucio policial y judicial -con el ex comisario Villarejo y sus inevitables audios como perejil de ambas salsas-, por c�mo golpea a las instituciones del Estado -la directora general de la Guardia Civil est� contra las cuerdas-, y, finalmente, por el hecho de que esas propias y maltrechas instituciones se revolvieron contra quienes las maltrataban, parece evidente que el Caso Leire, lo que en la UCO llaman sucintamente "cloacas", es la Kitchen del PSOE.Con otro no desde�able elemento com�n: ese pintoresquismo celtib�rico que, incombustible, se empe�a en adornar cada episodio de la corrupci�n patria, ya sea con las licenciosas amigas de �balos o con los "volquetes de putas" de la ya olvidada (dado que no mueve ruedas de molino pol�tico) Operaci�n P�nica.En ese aspecto estas dos tramas vuelven a puntuar alt�simo, con un ch�fer sobornado infiltrado en casa de B�rcenas en la Kitchen del PP, y en su melliza socialista la inefable Leire D�ez, que se revela megal�mana y narcisista en sus andanzas grabadas por sus interlocutores y por ella misma.Referencia a �PS� en la libreta de Leire.Con una gran diferencia, al menos de momento. Si las andanzas de la llamada polic�a patri�tica del PP terminaron provocando la ca�da de Mariano Rajoy y su moment�nea sustituci�n en su esca�o por el bolso de la vicepresidenta Soraya S�enz de Santamar�a durante la moci�n de censura de Pedro S�nchez, el torrente de presunta basura en torno a Ferraz no parece moverle un m�sculo de la cara al actual presidente, que como se sabe lleg� con la escoba de limpiar y ha terminado ahora circundado por un presunto vertedero.Si a �M. Rajoy�, como B�rcenas habr�a anotado al ex presidente en sus hojas de pago de sobresueldos, la supuesta corrupci�n le cost� el poder, a �PS�, el nombre que aparece no menos de cuatro veces en un cuaderno de Leire, en m�s que aparente referencia a S�nchez, incluida una �reuni�n con PS�... A �PS�, dec�amos, a diferencia de a �M. Rajoy�, la aparici�n en malos papeles no le expulsa a�n de Moncloa.Los paralelismos ser�an una sentencia para S�nchez tom�ndole la palabra. �Las cloacas del Estado terminaron el d�a de la moci�n�, dijo �l mismo en 2019 en referencia al PP y la Kitchen. Recientemente, el 24 de abril, ante el juicio de esa caso, se jact� de que cuando el PSOE lleg� al Gobierno �todo eso desapareci�. Y hace un mes, hablando del PP, como cualquiera puede hablar hoy del PSOE, afirm�: �Estamos hablando de corrupci�n, obstrucci�n a la justicia y tambi�n de un intento de destrucci�n de pruebas que pudieran incriminar a esas direcciones�.Por incre�ble que parezca, ambas cocinas (al espionaje a B�rcenas sus ejecutores lo llamaron Kitchen por conseguir ese acceso a su intimidad) proceden, en su ra�z, de un mismo cocinero: el ex comisario Jos� Manuel Villarejo, qui�n si no.El hombre que durante d�cadas supuestamente habr�a liderado operaciones negras de todo tipo bajo la alfombra de los poderes (p�blicos y privados) del pa�s, aprovechando por el camino para grabar a todo cristo y as� conseguir material para presionar y/o extorsionar a quien se le pusiera por delante, acumulando finalmente mucho m�s poder que sus presuntos empleadores.Villarejo, el hombre que se reun�a con periodistas en su entorno de Azca, en el centro de Madrid, y a la primera de cambio comenzaba a insultar a conocidos comunes ("tonto a las tres" era uno de sus favoritos) para simplemente intentar sumergir en el barro al interlocutor de turno, grabarle y tenerle bien agarrado por sus partes pudendas, por si en el futuro fuera perentorio doblegar su voluntad.Referencia a �M. Rajoy� en los 'papeles de B�rcenas'.El ex comisario detenido en noviembre de 2017 con toneladas de audios de este jaez en la llamada Operaci�n Tandem. El hombre que ha admitido haber captado a Sergio R�os, el ch�fer que espi� a B�rcenas, y el comisario, en fin, cuyos audios de Tandem fueron escuchados en Ferraz en el wagneriano punto de arranque de la Kitchen del PSOE.Y es que, seg�n ha declarado a la Guardia Civil el empresario Javier P�rez Dolset, devoto escucha de esos audios al decirse �l mismo "perjudicado" por la Justicia, el s�bado 27 de abril de 2024, justo en mitad de los cinco d�as de reflexi�n en los que el presidente se pensaba si dimitir, mientras las masas le apoyaban en las aceras de la calle Ferraz, con Mar�a Jes�s Montero como inesperada regidora, en el interior del sancta sanctorum socialista varias personas escuchaban atentamente audios de Villarejo. Y pensaban c�mo utilizarlos para salvar al presidente, lo que Leire D�ez llam�, siempre con aroma a delirio, Operaci�n PSOE. Ella sola iba a salvar el mundo.Entre los presentes aquel d�a, Santos Cerd�n, n�mero 2 del partido hoy repudiado por el propio PSOE; Antonio Hernando, director del Gabinete de Moncloa y evidente mano derecha de Pedro S�nchez; los Serrano, Juanfran y Juanma, estrechos colaboradores de esos mismos n�meros 1 y 2 de la formaci�n. Tambi�n el director de Comunicaci�n del partido, Ion Antol�n.Y, luego, de nuevo, el pintoresquismo, la (presunta) corrupci�n churrigueresca. Leire D�ez, la fontanera que poco despu�s se presentar�a ante jueces, guardias civiles y abogados como una suerte de De Gaulle clandestina contra la corrupci�n, que se cre�a Neo luchando contra Matrix, pero que en unas semanas provoc� m�s ruido alrededor de s� misma que un borracho en una iglesia. El propio P�rez Dolset, genuino representante del frikismo empresarial regurgitado por el m�s oscuro y poco ventilado cloaqueo madrile�o. Y, seg�n �l, tambi�n Patricia L�pez, fallecida periodista que otorgaba visibilidad a las operaciones de la pandilla en su propio medio, Cr�nica Global, en parte pagado por el grupo, y con un papel nada colateral dado que, seg�n Dolset, la primera de las dos reuniones la convoca ella. En Ferraz. En la sede del PSOE.El propio Hernando, tal vez el personaje cuya presencia apunta m�s a que Pedro S�nchez sab�a qu� se andaba urdiendo all�, admiti� al juez Arturo Zamarriego, en el amanecer del Caso Leire, haber estado en esa reuni�n, pero se escud� tras un pretexto que, de nuevo, apunta a Villarejo: acudi� all�, dijo, porque le aseguraron que hab�a pruebas incriminatorias de las maniobras de la polic�a patri�tica del PP contra la izquierda y en torno a B�rcenas, que amenazaba con destapar toda la contabilidad B del partido.Ahora, gracias a los autos del juez Santiago Pedraz, se sabe que, en realidad, aquel era un c�nclave para "desestabilizar causas judiciales" contra el PSOE.La gangrena de la Kitchen del PP habr�a tocado las instituciones desde Villarejo y con varios altos responsables policiales como supuestos impulsores, como el Director Adjunto Operativo Eugenio Pino. La Kitchen del PSOE logr� enredar tambi�n al establishment.Un capit�n que estuvo en UCO 14 a�os, hasta 2022, conspir� con los conjurados y revel� secretos relacionados con la unidad a D�ez. La propia directora general de la Guardia Civil, la periodista de formaci�n y amiga �ntima de S�nchez Mercedes Gonz�lez, presion� para que se abriera una investigaci�n a la propia UCO desde dentro de la casa. No s�lo eso. Mientras desde Moncloa se empujaba a los cuadros ministeriales a culpar a las investigaciones en torno al PSOE de "conspiraci�n" -es decir, lo mismo que pretend�a Leire con sus manejos-, Gonz�lez minti� sobre sus relaciones con D�ez, a quien dijo no haber visto nunca, para luego emitir una nota de prensa in�dita en democracia, admitiendo haber faltado a la verdad pero sin dar una explicaci�n comprensible sobre esos encuentros y su ocultaci�n.Por suerte, sin embargo, los resortes del precario Estado, esa cosa tan denostada, tambi�n han jugado su papel en ambas cocinas. En Kitchen pudo jugar ese papel el inspector jefe de la Unidad de Delincuencia Econ�mica y Financiera Manuel Morocho, el verdadero investigador del G�rtel y por tanto del tema B�rcenas, quien ha declarado una vez m�s en el juicio que no, que en ning�n momento espiar al ex tesorero del partido entr� en los planes legales, y que si R�os y su atrabiliaria troup� estaban haci�ndolo era por motivos no previstos en la ley y siguiendo intereses espurios.En la Kitchen del PSOE ese papel lo ha jugado, entre otros, el general Alfonso L�pez Malo, otro de los hombres buenos de toda esta ensalada. Quien, despu�s de dirigir en la Guardia Civil Asuntos Internos y la propia UCO, desbarat� desde su puesto de jefe de Polic�a Judicial de la Benem�rita toda la jugada de Leire D�ez de intentar desacreditar a su unidad �lite, al advertir la jugada y manifestar que no ve�a en absoluto la necesidad de investigarla ad intra. L�pez Malo, otro de esos monjes que ocupan las altas magistraturas del Estado con abnegaci�n y disciplina espartanas, baj� el pulgar y a�n as� dirigi� a la trama, en sus pretensiones, al Supremo, invitando a quienes la impulsaban a preguntarle su parecer al magistrado Leopoldo Puente, que en ese momento conoc�a de los hechos. Puente, como ha informado EL MUNDO, dijo tambi�n que nanay, y la propia UCO hizo el resto desenmascarando la conspiraci�n.Para acabar, las dos presuntas kitchens llegaron a verse las caras. Leire D�ez se reuni� dos veces, en julio de 2024, con Paco Mart�nez, ex n�mero 2 de Interior en la primera legislatura de Rajoy, para ofrecerle ayuda en su pelea judicial a cambio de informaci�n. Mart�nez, perro viejo, escuch� y observ� m�s que otra cosa las bravatas de la mujer, que repiti�, con sus �nfulas habituales, su mantra justiciero: "Hay que limpiar, yo he venido aqu� a limpiar, me han puesto al frente para eso, y me da igual Bego�a G�mez, Yolanda D�az o quien sea".Un a�o despu�s era imputada por cohecho y tr�fico de influencias, y casi otro a�o m�s tarde, ahora, se descubr�a que actuaba, como sospechaba la Guardia Civil, por orden de las m�s altas instancias del PSOE. Leire D�ez, al final, ten�a raz�n: hab�a venido a "limpiar", pero no exactamente como ella cre�a.
Las cloacas del PSOE funden a S�nchez con la 'Kitchen' que expuls� a Rajoy de Moncloa
La casualidad, el destino y qui�n sabe si hasta la justicia po�tica han querido que la opini�n p�blica espa�ola, clase pol�tica incluida (o tal vez sea al rev�s), haya...












