Hay una frase que estos días se escucha por cada rincón de La Moncloa: “Si quieren hablar de cloacas, hablemos de cloacas”. Y es que el empeño de las derechas y su sincronizada mediática por empatar la corrupción de Estado de la Kitchen que operó en los gobiernos de M. Rajoy con “el comando Leire Díaz” que se atribuye ya a P.S. puede ser muy loable pero poco creíble, a tenor de las tramas, los personajes y los resultados de las andanzas de unos y de otros. Lo segundo, de hecho, no se entendería sin la existencia de lo primero.

Es muy probable que en su comparecencia el próximo día 24 ante el Congreso de los Diputados, el presidente del Gobierno intente establecer las diferencias, lo que no está claro es hasta dónde está dispuesto a escalar en la descripción de unos hechos y una cronología que, según cuentan en la fontanería monclovita, salpican a no pocos personajes de cuantos hoy exigen dimisiones, reparten carnés de decencia e imparten lecciones de ética desde los púlpitos de la política y el periodismo.