Mientras se habla del juez del caso Begoña, no se habla de las cloacas de Leire, las joyas de Zapatero, las mordidas de Cerdán, la soledad parlamentaria de Sánchez, etc. Excelente coartada para agitadores del "lawfare" y la "cacería" de malos contra buenos. Nada une más que una amenaza compartida. El manido "si nos atacan tanto es que lo estamos haciendo bien" moviliza a los tuyos y aparca los asuntos incómodos. Y el juez Peinado permite recuperar la tesis fundacional del sanchismo: nosotros contra ellos. Se ha convertido en ocasional socorrista de Sánchez. En vísperas de su jubilación, el magistrado pone viento en las velas del victimismo sanchista. Arremeter contra los autos del juez es mejor que explicar una eventual relación causa-efecto entre el apoyo de Juan Carlos Barrabés a la "cátedra" de Begoña y el acceso del empresario al dinero público (incluido el europeo) previa recomendación de la esposa del presidente. De todos modos, la desafortunada instrucción de Peinado nunca sería un eximente de los obscenos ataques contra el poder judicial que forman parte del discurso manufacturado en La Moncloa. Y los desaciertos de Peinado tampoco servirán para desinstalar la ubicación de Begoña Gómez en el retablo de la desvergüenza. Si no en el plano judicial, sí en el ético y el estético. Los mensajeros de Sánchez anuncian un contrataque contra la supuesta conjura político-judicial y mediática Pendientes (hoy lunes) de la votación en el seno del CGPJ (gobierno de los jueces) en el plano disciplinario, y a la espera de lo que en el plano jurisdiccional diga en su día la Audiencia Provincial de Madrid, como instancia de mejor criterio, los mensajeros de Sánchez anuncian un contraataque de la Moncloa ante la supuesta conjura antisanchista. También puede decirse al revés: los mensajeros de la Moncloa anuncian un contraataque de Sánchez para reafirmarse en sus tesis de acoso al Gobierno "más limpio de la historia democrática de España". La consigna clavetea los consabidos "cierre de filas" y "ni un paso atrás frente al complot político-judicial y mediático", a no ser que aparezcan, "evidencias insalvables" (ay, Zapatero). Nada nuevo en realidad, salvo el anuncio de que este giro de guion (toca "contraofensiva") guiará los cruces del presidente del Gobierno con los portavoces en el supermiércoles que se avecina, dedicado básicamente a la corrupción. Última sesión plenaria, por cierto, antes de las vacaciones parlamentarias con aires de cuenta atrás de un ciclo político. TE PUEDE INTERESAR Se vuelve a disparar con frases enlatadas y groseras aportaciones de los Óscar contra quienes "quieren obtener en los juzgados lo que no pueden ganar en las urnas". El guion ya se venía aplicando en el empapelamiento judicial del expresidente Zapatero. Pero el juez Peinado, al concluir la instrucción del caso con la consabida apertura de juicio oral, les ha dado munición para el rasgado de vestiduras. Me refiero a la absurda sospecha de fuga de la esposa del presidente y, lo que es más inverosímil, con ayuda de sus escoltas policiales. Lo que pasa es que la gente no es idiota. España no es un parvulario. Y a estas alturas de la película, los ciudadanos ya son muy capaces de detectar las maniobras de distracción que se presentan como derecho a defenderse de una supuesta conjura política. Lo de echarle la culpa de todo a Peinado tiene las patas muy cortas porque en cuestión de días o de horas el Gobierno tiene que volver a gobernar. Si puede. Y si el Parlamento se lo permite. Mientras se habla del juez del caso Begoña, no se habla de las cloacas de Leire, las joyas de Zapatero, las mordidas de Cerdán, la soledad parlamentaria de Sánchez, etc. Excelente coartada para agitadores del "lawfare" y la "cacería" de malos contra buenos. Nada une más que una amenaza compartida.