Actualizado a las 02:10h.

El de Ceuta es un grito ahogado en el mar que lleva a la Península. En sus olas se deshacen las plegarias desatendidas de unos ciudadanos cuyas vidas distan de recuperar la normalidad incluso más de veinte días después de que todo fuese caos. ... Suenan cada poco las sirenas en una ciudad que hace un mes era callada y en los parques infantiles ya no se escuchan risas de niños sino el silencio de quienes allí pasan las noches. Los paseos de las vecinas no son nunca solitarios, se reúnen en aras de una defensa común. Y la situación amenaza con consumir sus ánimos, si es que no lo ha hecho ya. Porque las calles, especialmente cuando se alejan del centro pero todavía incluso en éste, se han vuelto extrañas. Hace semanas que los ceutíes viven con una mano en la garganta, dolidos por el peso de infinidad de preguntas cuyas respuestas han dado por perdidas.