Actualizado Domingo,
agosto
22:56Alrededor de la medianoche, la comisar�a de la Polic�a Nacional del centro de Ceuta tiene m�s movimiento del habitual. Entradas y salidas constantes, denuncias y personas esperando. Una escena que, seg�n explican ah�, se repite desde la llegada masiva de migrantes del pasado 30 de julio."No damos abasto", resumen, lamenta, uno de los agentes.Entre quienes esperan se encuentra Mohamed, un joven migrante de 23 a�os que acaba de denunciar una agresi�n por parte de otro. Seg�n relata a este peri�dico, el conflicto comenz� d�as atr�s. Fueron dos de las 80.000 personas que franquearon la frontera, a nado. Mohamed empez� a relacionarse con vecinos de la zona de Had� y su compatriota... "No te sientes con los espa�oles, eres uno de nosotros", asegura que le recrimin�.Mohamed ignor� las amenazas. Desde entonces, sostiene, empez� a encontrarse a su agresor por la calle repetidamente y a sufrir agresiones. La situaci�n termina por estallar en la noche del s�bado. Cuenta que el joven que le ha agredido se acerc� con la excusa de pedirle un cigarro y que, de forma inesperada, le empuj�, enzarz�ndose en una pelea de la que EL MUNDO tiene pruebra gr�fica, mientras otro migrante trataba de retener al agresor. Despu�s, �ste trat� de asfixiarle coloc�ndole una camiseta alrededor del cuello. "Te voy a matar", le dec�a, "y los ceut�es no van a defenderte". Exhibe en el cuello la marca del intento de asfixia.Su caso es uno los tantos que registra est� comisar�a cada d�a. En una noche, la de este s�bado, se puede resumir la situaci�n que ha dejado la avalancha del pasado d�a 30. Ceuta vive una triple tensi�n: junto a los vecinos que denuncian inseguridad y agresiones, aparecen tambi�n migrantes que son v�ctimas de violencia de alg�n local y migrantes que son v�ctima en batallas de supervivencia o rencillas entre los reci�n llegados. Las Fuerzas de Seguridad alertan, especialmente, de que ir�n creciendo seg�n se queden sin dinero.A pocos metros de Mohamed, una mujer de unos 50 a�os habla todav�a nerviosa. Explica que minutos antes un hombre se ha abalanzado sobre ella y despu�s se ha realizado tocamientos, en un encadenamiento de gestos obscenos. "Si no te hago nada es porque no quiero", asegura que le ha dicho. Est� paralizada, en shock.La mujer reconstruye lo ocurrido ante los agentes mientras, en otra zona de la comisar�a, un adolescente de 17 a�os con gesto triste est� sentado en silencio. Tiene aspecto asustado. No habla espa�ol y mantiene las manos entrelazadas mientras espera. �l tambi�n ha acudido para denunciar una agresi�n. Pero esta vez se cambian las tornas: el agresor es un ciudadano local y la v�ctima es el migrante."No lo conoc�a de nada", cuenta a este peri�dico a trav�s de un traductor. "S�lo me dec�a: 'Venga, para fuera. A tu pa�s'". El menor presenta golpes visibles y lleva una pierna vendada. Sentado a su lado est� Munir, un ceut� de 27 a�os que asegura haber presenciado toda la escena. El hombre al que acusa de atacar al adolescente era, hasta ese mismo d�a, su jefe."El chico no ha hecho nada. Simplemente ha pasado por delante del lugar donde trabajamos. De repente, mi jefe ha salido corriendo y ha empezado a pegarle pu�etazos y patadas", explica. "Ha terminado empuj�ndolo por unas escaleras".Munir no lo pens� ni un momento: "Cuando he visto a mi jefe peg�ndole, he tenido que defender al chico. Lo he llevado al hospital y despu�s a la Polic�a", relata. Asegura que las ambulancias estaban saturadas y que decidi� trasladarlo �l mismo.Despu�s volvi� a su puesto de trabajo: "Le dije a mi jefe que as� no se trata a las personas". La respuesta de su superior fue tajante: "'Est�s despedido. Vete'". Munir mira al joven al que ha asistido y sentencia: "�Pero sabes qu�? No me importa. Yo hoy s� dormir� tranquilo".Diferentes violencias se entrelazan en esta ciudad aut�noma por donde deambulan desde hace casi un mes gentes sin techo y con la comida racionada.Mientras varias de las personas que han acudido a denunciar conversan con EL MUNDO, otro menor llega hasta la entrada de la comisar�a. �l no quiere denunciar. Quiere quedarse all�. Los agentes le indican que debe dirigirse a las carpas habilitadas para acoger a los migrantes. El ni�o escucha, pero no se mueve. Su gesto cambia. "No, aqu�", suplica. Tiene miedo.Es otra de las caras de una crisis que ha llenado de incertidumbres y p�nicos las calles de Ceuta. Entre quienes protagonizan altercados y quienes los sufren existe otra realidad dif�cil de encajar: personas que llegaron de la misma manera, atravesaron la misma frontera y sufrieron el mismo camino, una vez dentro, se han situado en rincones contrarios de la violencia.











