Este sábado Ceuta amaneció a medio gas, con menos tráfico de lo normal y con algunas zonas recuperando, poco a poco, una aparente normalidad. En la playa de El Trampolín, epicentro del principal campamento migrante, los servicios de limpieza hicieron un nuevo intento y trabajaron durante toda la mañana después de que el día anterior se vieran obligados a parar por razones de seguridad, explicaron. Todavía sobre la arena hay una docena de tiendas de campaña y, en las duchas provisionales, un centenar de jóvenes se asean de forma simultánea. Al mismo tiempo, bajo cualquier sombra en 500 metros alrededor de la playa, hay alguien haciendo vida.Actualmente, duermen unas 2.500 personas en los centros organizados por el ministerio, la ciudad autónoma o distintas asociaciones vecinales. Pero otras tantas vagan por la ciudad, arrastrando los pies y con las manos en los bolsillos durante horas. Hasam y sus amigos, de poblaciones cercanas a Tánger y Tetuán, explican que prefieren dormir sobre un plástico junto a la carretera porque creen que los centros de acogida son una trampa. “Nos quieren tener ahí porque es más fácil expulsarnos. No voy a ponérselo tan fácil. Si vienen a por nosotros, aquí puedo escapar y echarme hacia el mar si es necesario”, dice en una mezcla de español, marroquí e inglés bajo un sol de justicia.Uno de los lugares que se preparan para recibir a nuevos migrantes es la Hípica, un club público-privado donde 40 caballos convivirán con los jóvenes a partir de la próxima semana. El lugar ha tenido que aceptar la orden del Gobierno de la ciudad autónoma, aunque sus socios han dejado clara su postura con una lona pegada a la puerta: “No a la ubicación de emigrantes en la Hípica”, dice el cartel pintado a mano.En el Centro de Estancia Temporal (CETI), Jayte Balaar, de Sudán, lleva cuatro días durmiendo en una cama de verdad y comiendo caliente tres veces al día desde que llegó el 30 de julio por la tarde. “Quiero llegar a Madrid”, dice, y para ello reconoce que aguantará ahí el tiempo que sea necesario.El polígono industrial de El Tarajal es otra realidad muy distinta. Entre naves semiabandonadas y pequeños negocios de plásticos y ropa en venta a cinco euros, hacen vida cientos de jóvenes que reconocen que solo salen de aquí para ir a por la bolsa que diariamente reparte la Cruz Roja. Todos son hombres. La mayoría de las mujeres, entre ellas la hermana de Hasan, está en el albergue habilitado por los vecinos en el barrio La Reina, donde se respira un ambiente más alegre, menos pesado que en El Tarajal, aunque también pasen la mayoría del tiempo en el suelo mirando el móvil durante horas.La previsión es que la próxima semana todas estas mujeres dejen este lugar protegido por plásticos y alfombras donadas por varias mezquitas y movimientos, según lo anunciado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El espacio de la Hípica está llamado a convertirse en el lugar donde permanecerán las mujeres y los niños procedentes de los dispositivos habilitados durante esta crisis.Otro Mohamed, este “ceutí de toda la vida” y dueño de una pequeña tienda de alimentación en la calle África, asegura que ve todo como “un completo desastre”, aunque admite que la situación “está un poco mejor que los primeros días”. Entre los ceutíes, sin embargo, un desagradable runrún recorría bares y locales cercanos al estadio de fútbol horas antes de que su equipo jugara este sábado su segundo partido de la temporada.Las horas previas al choque entre la AD Ceuta y la UD Las Palmas han estado marcadas por lo extradeportivo debido a una polémica decisión de la directiva del equipo canario, que a última hora decidió echarse atrás a la hora de salir al campo con el lema: ‘Ceuta no se vende, Ceuta se defiende’. La AD Ceuta sí saltará al terreno de juego con una camiseta con la frase, pero a última hora el equipo amarillo decidió echarse atrás. Nadie ha explicado el cambio de postura, pero en uno de los bares cercanos al estadio es el único tema del que se habla junto a la barra. “Tienen miedo a represalias de Marruecos porque el equipo viaja de regreso a la isla por Tetuán”, dice un hombre. “Se han cagado y otra vez nos dejan tirados”, añade otro. “Si alguien tendría que apoyarnos, serían los canarios”, completa el del fondo.